27.2.16

Un roto

Una de las palabras que menos entiendo del diccionario de la Real Academia de la Lengua es paisano. Por extensión, alrededor de paisano, afincada en los márgenes, merodea país. Sobre el país, escrito en base a su estela sentimental, flota el concepto de nación, que engendra el inevitable nacionalismo. Ahí el amable lector puede incluir bandera, himno, patria, terruño y hasta el deje fonético que se estile en su tierra. Descreo de algunas palabras porque las palabras arrastran ideas y las ideas, cuando se forjan con materiales duros y se van adorando en el transcurrir agreste de los siglos, provocan conflictos, abren brechas en la convivencia de las personas y, en última instancia, hacen que nos vayamos matando a conciencia, a medio camino entre el deseo de que nuestras ideas pervivan y el deseo de que la idea del otro fenezca. Las armas las carga el lenguaje. No existe el diablo igual que no existe Dios. El invento de Dios también funda guerras. Dios es una palabra formidable para enredar una tarde de café y sentir el pecho trascendente y el corazón henchido de metafísica. Creo en muchas palabras, no obstante. Porque las palabras arrastran ideas y las ideas también forjan prodigios y cierran, una vez abiertas, las brechas que otras palabras abrieron. Las armas las descarga el lenguaje. Hoy tengo el corazón henchido de lenguaje. En días recientes, lo que hay son muchas palabras, pero no cuajan, no dan con la trama que las arrime y las haga funcionar, ser felices. Cuando las palabras son felices, lo es el que las dice o el que las escribe o el que las escucha o las lee. Tenemos el país manga por hombro porque las palabras están enfermas. Pactarán, los que tienen que pactar, cuando se den cuenta de que las palabras merecen un respeto, y no se lo dan o se lo dan a regañadientes, a sabiendas de que no siempre es el viento el que se las lleva. Las palabras son las grandes damnificadas. Educación: no le tienen afecto a la palabra educación. La usan poco, la usan mal. No se dan cuenta, no ven más allá de lo que desean ver. Ya nos daremos cuenta más adelante del roto que están haciendo. Porque es un roto. El nuestro. 

1 comentario:

g dijo...

Ahí está la clave de todo: no ven más allá de lo que quieren ver. Y se llevan al lenguaje a su terreno para que justifique y dé empaque a sólo su idea. O eso pretenden.