12.1.16

La belleza será convulsa



A veces es mejor no mirar, no dejarse atrapar, evitar que algo nos posea, tener que obedecer ciegamente, aunque nos cautive la belleza misma y la cabeza se nuble. Hay quien prefiere no exponerse. Es posible que a la señora que no mira al cuadro le duela más que a los demás esa visión pura y de ahí que la esquive y le ofrezca la espalda. No será la primera vez que sale herida. De la belleza no se sale indemne. Lo dejó escrito Breton al final de su Nadja: "La belleza será convulsa o no será". Y la señora, la reclinada, la que no se deja embaucar, ni someter, ni fascinar, prefiere que no sea. Saldrá limpia, sin dañar, pobre aún así. No verá de nuevo el éxtasis. No le brincará en el pecho el corazón. Le habrá advertido: corazón, no te dejaré brincar, no me herirás, no se romperá otra vez. La belleza, como el amor, como la fe, es un deslumbramiento. Uno puede censurar el acceso: saber que no traerá bien ese resplandor, prohibirse el placer. Porque no hay placer que no taladre. Ni amor que no haga sangrar. Ni luz que, una vez rebasada la sombra, no la desquicie. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

... o no será.
A sus pies, siempre.

Laura Gómez