13.1.16

El espejo, los sueños



Del que tenemos al otro lado del espejo sabemos poco porque no le permitimos entrar. Igual es él quien nos censura a nosotros, el que no se atreve a dar el paso. A veces, en un gesto fugaz, miramos el espejo y advertimos que está ahí detrás, perplejo. La suya, su perplejidad, no difiere de la nuestra. O eso es lo que predecimos, a cuanto alcanzamos, todo lo que se nos ocurre idear para entablar un pequeño diálogo entre los dos. Es la sombra, es la conciencia, es el que en los sueños hace lo que anhelamos. Incluso lo que ni nos atrevemos a anhelar. Es bueno pensar en los espejos, en los sueños, en lo que, a fuerza de oculto, parece que no existe. Esa es la verdadera línea roja.

1 comentario:

Joselu dijo...

Hay días que no me atrevo a mirarme en el espejo. Es frecuente. Y en otras épocas peor todavía. No sé si expresa perplejidad o qué. No sé, pero me da miedo. Si yo pudiera, aboliría los espejos. Tenía unos amigos que los proscribieron en su casa para no alentar la autoadmiración en sus hijos, también la televisión. Fue, claro, un fracaso. El espejoe es un elemento demasiado complejo, igual que la fotografía. Algunos dicen que son objetos perversos, ominosos. Creo que Borges lo opinaba de los espejos y el coito. Sin duda, inquietantes. Lo sé cada mañana en que no me miro.