25.10.15

Se nace para correr, se crece para parar II / La melodía de Chewbacca


                                                                                                               

Hay un anhelo platónico en ser un soldado imperial, en ser el sombrerero loco, en tocar como Hendrix o en retirarse una temporada a un balneario y escribir una novela a lo Mann. Lo que no tenemos a mano, cuanto está fuera de nuestro alcance, se acerca si lo escribimos o si lo leemos. La literatura, la cinematográfica y la libresca, nos abastecen; nos conducen a donde no iríamos nunca. Les debemos ese viaje. La ficción es el combustible de la realidad, el lado oscuro - o luminoso o atroz o sensual -, el que hace soportable lo irracional que es. Por eso leemos, por eso escribimos. Y leer y escribir nos hace ser otros. Otro falso, si se me permite. Somos Gregor Samsa al despertar y ver las extremidades que le inventó Kafka o Hans Solo pilotando el Halcón Milenario en Stars Wars o Paul enjabonando a Jeanne en un piso sin muebles en París. Las vidas que no son nuestras son las que de verdad deseamos. Lo propio, lo que damos como nuestro, es una instancia más, a veces la menos soportable. Hoy un amigo me ha hecho pensar en si la vida que llevo se asemeja a la vida que escribo. Quizá no había caído en ese matiz o sólo lo he entrevisto, sin la atención que merece, como si no tuviese instrumentos con los que razonarlo. Y no los tengo. Sólo he visto a Chewbacca tocando el saxo de Clarence Clemmons y a un stormtrooper emulando a Bruce Springsteen en la inmortal portada del Born to run. La vida es distopía, Joselu. Un lugar malo al que le aplicamos con esmero un barniz de ficción. Por si así es más fácil atravesarla. Por si necesitamos tener a mano un refugio. No hay ninguno mejor. Escribir es el mío. Creo que él lo sabe. 

2 comentarios:

Joselu dijo...

Otra opción que me sucede a mí es convertir la propia vida en ficción, en literatura. Veo mi propia vida revestida de los rasgos de la ficción. No sé si mi vida es vulgar o no, pero yo la convierto en mi imaginación en extraordinaria. Tal vez sea pretencioso, pero no logro -ni quiero- verlo de otro modo. Tal vez por eso para mí la escritura es expresión de esa complejidad personal que es mi propia vida. Puede que sea narcisista, megalómano, solipsista. No sé. Ciertamente ha habido escritores que han hecho de su propia vida el eje de su escritura. Estoy en medio de la lectura de la serie de Karl Ove Knausgard con títulos espléndidos como La isla de la infancia, La muerte del padre... Creo que si pudiera escoger el tipo de escritor que sería -que no lo soy- elegiría uno que novelara su propia vida como Knausgard. Hay otros escritores efectivamente, como Kafka, cuya existencia es tan rutinaria que necesitaron escribir ficciones que le llevaran más allá de su propia existencia plasmando mundos de pesadilla. El mismo Baroja expresa este dicotomía entre el hombre de acción y el hombre reflexivo como Andrés Hurtado. Ese es otro de mis escritores preferidos. Este verano estuve en su casa de Itzea viéndola por fuera. El árbol de la ciencia es en alguna parte autobiográfico al menos en su etapa de formación, sus hermanos.

Soy incapaz de expresar ficción externa a mí. Me veo devorado por mi mismidad. Tengo que darle salida a este magma de alguna manera. Tú lo haces bien y tus escritos son tu mismidad, evitando lo biográfico y lo excesivamente identificable y expresas el anhelo de otro mundo más alto, más artístico, más pleno, más literario. Y me gusta.

Gracias por la referencia. Te leo con placer.

Sergio DS dijo...

Y no se te ocurra dejar de hacerlo, yo siempre te leo, aunque sea en silencio.

Un abrazo milenario.