25.10.15

Se nace para correr, se crece para parar


Si tan sólo huir bastara, pero al final nos atrapan. Tarde, al final, cuando ya ni te acuerdas del porqué de la fuga o a poco de emprenderla, justo cuando más te duele. Ni siquiera hay un plan hecho para tu captura. Es el azar el que te cerca, el que te pone contra la pared y te pide cuentas. Se trata de pagar por lo que hicimos o por lo que no hicimos, qué más da. Huimos sin saber a qué lugar ir o sabiéndolo, Lo terrible de que uno huya es que le vayan cerrando el paso. Que los que no nos conocen creen obstáculos y nos hagan parar. Una vez que se ha comenzado a correr, no es fácil parar. Incluso hay quien convierte la huida en refugio. Se está bien mientras vamos avanzando. La vida, en general, así muy relajadamente tomada, es una huida, un ir hacia adelante, una suerte de movimiento dulce o duro u hostil, según el momento. No basta únicamente con avanzar, con alcanzar lo que se anhela. Qué placer sería disfrutar el trayecto que conduce a la consecución de ese anhelo. Que la niña que huye del coche, con el que la conducen a un lugar que no desea, goce con la escapada, aunque sepa que la van a encontrar tres calles más abajo y la van a sentar otra vez en el asiento trasero. Ahí pensará en el modo de burlar de nuevo a la autoridad, en encontrar el resquicio por el que poner distancia. Y mientras corre, a medida que se aleja de lo que la disgusta o la oprime, pensará en la satisfacción absoluta de su gesto, sin importarle que sea irrelevante. Siempre nos atrapan. No hay forma de que la carrera dure para siempre. Llega un momento en que uno precisa parar. No seguir, no avanzar, no desear. Lo hermoso, lo verdaderamente hermoso, es haber huido, haber escapado, haber burlado a la autoridad y corrido, libre, pleno, salvaje, hacia cualquier parte. 

3 comentarios:

Joselu dijo...

Me sorprenden estos sueños por tu parte que pareces llevar una vida plácida y sin aristas, al menos tus escritos son redondos, nunca angulosos, y, sin embargo, anhelas platónicamente -como si fuera una mujer de ojos oscuros- la huida, burlar a la autoridad, correr libre. La escritura remedia nuestra realidad en general anodina y en la que tomar una caña es la mayor de las transgresiones. Sé que no contestarás, pero ahí te dejo esta invitación despiadada a la conversación entre bonvivants que se crecen en las teclas cuando su realidad es quasi mecánica y entreverada de instinto conservador.

Emilio Calvo de Mora dijo...

No conozco a nadie que lleve una vida plácida. Las aristas son lo que hacen que la vida sea verdaderamente vivida. La redondez de los escritos, esa posible redondez, exhiben también aristas, Joselu. Salen de ellas. No sé qué anhelo. Cuento lo que se me ocurre. No he hecho nunca otra cosa cuando he escrito. Transgredir, no sé si transgredo. Tampoco sé - no sé tanto - si todo lo que se escribe debe inclinarse a la transgresión o quedarse en otro lugar. Escribir es transgredir en cierta manera. El hecho de contar es arriesgarse, darse, obligar al otro a que sepa de uno lo que no sabemos de él. Yo soy el lector al que escribo, podría pensarse, y es cierto. Lo de no contestar: sé que desatiendo esa parte de mi blog. Escribo a machetazos. Responder es una cosa muy seria para dar machetazos. Ojalá sea un bonvivant, como dices. No lo soy. Llevo una existencia completamente rutinaria. De vez en cuando organizo excursiones. Algunas no pueden transcribirse en la escritura. Escribo de mí sin escribir de mí en realidad. Me pongo pieles. Escribir es ponerse pieles. Como las del actor en el escenario. No es tampoco una invitación despiadada. Sé que me tiene usted el afecto antiguo de muchos textos cruzados y de muchas inquietudes compartidas. Una cosa es la vida y otra, ay, el blog. Escribir, escribir, escribir... Ahí andamos. Invitado a contestar queda...

Joselu dijo...

Hoy me mantenía en silencio y he tenido deseos de hablar contigo y he colgado un comentario -no sé si una pizca impertinente- para hacerte salir del caparazón. A veces se dejan comentarios muy sentidos y se queda en el silencio.

Es notorio que escribes sin escribir de ti en realidad. Tus textos -además de hermosos- son evasivos de la intimidad o se muestra de otro modo, con un distanciamiento muy peculiar. Sabes que me gusta cómo escribes. Hoy he pensado en esos anhelos de huir, en esas imágenes que evocan la huida y a la vez soy consciente de nuestras vidas, como dices, rutinarias. Afortunadamente existe la escritura para crear mundos, pequeños universos narrativos, en tu caso poéticos o próximos a lo poético. Yo soy más pedestre. Y más autobiográfico y mis escritos ofrecen muchas aristas por los que pueden ser contestados y replicados. Yo lo entiendo y me gusta la polémica. Lo tuyo es más literario, más distante aunque a la vez es íntimo. Es una mezcla extraña pero bien traída.

Por unas vidas rutinarias que se expanden en las palabras para hacerse más plenas.

Claro que te tengo afecto solidario en esta lucha diaria por la expresión personal. Y disculpa si he sido un pelín impertinente, pero tenía ganas de hablar.