9.10.15

Hijos

Uno aplaza lo que importa. No porque no sepa acometerlo, no por algo ajeno que nos cohíba. Ni siquiera porque la voluntad no alcance. Se aplaza, se deja para después, hablo de un después incluso sine die, por el placer de ir pensándolo, de darle un cuerpo dentro de la cabeza. Como la madre que planea un futuro para el hijo que lleva y fantasea con los ojos que va a tener o con la que dirá las primeras palabras. Se aplaza la felicidad tal vez. Aplazada para saber qué trae; para no despreciar, más por ignorancia que por otra cosa, los placeres que nos ofrece. Se disfruta más con los preliminares, oye uno decir. En el fondo es el miedo el que hace que actuemos así. El miedo a que no compense el esfuerzo. El miedo a que el hijo no sea el esperado o que su voz no nos emocione o que sus ojos nos miren sin mirarnos. No sé qué cosas estoy aplazando. Algunas habrá. Se tiene la idea de que no hay problema en eso, en no pensar, en dejar a un lado esas obligaciones morales o lúdicas o sociales. O se las ingenia uno para que no duela o duela de un modo tan suave que no alarme, ni se tenga conciencia de que algo nos rebaja. Leí un poema que refería la dificultad del poeta en conseguir que el poema finalmente se impusiese a la nada en la que estaba. Y venía a decir que el poema ya estaba. Solo faltaba llamarlo. La idea de un lugar en donde todo está almacenado, tutelado, confinado a expensas de que se extraiga me incomoda, me hace pensar en que no haya azar. Sin el azar, sin el asombro, sin la sensación de que algo que no se ha previsto incline a un lado o a otro la balanza de los días. Yo estoy todavía intentado encontrar ese poema. Hay días en que lo atisbo, en que vislumbro una brizna de lo que quiero expresar y el apero de palabras con el que airearlo y hacer que se imponga a la realidad. Como un hijo, ya digo. 

2 comentarios:

Joselu dijo...

De todas maneras es sugerente ese antiazar que recreas en que el poema ya está y solo hay que llamarlo. en que la obra artística ya está y solo hay que saberla encontrar, está esperando nuestra llamada. Yo he vivido con esa sensación y todavía lo estoy. Intentando saber qué es lo que me espera y cómo llegaré a ello.

RECOMENZAR dijo...

Dejamos para otro dia
generalmente lo que no nos gusta

Hermoso escrito....

Personalmente no aplazo nada
la vida es muy corta
como para no vivirla
como uno quiere
aunque sea
quedándote en tu casa
haciendo lo que se te venga en ganas