21.6.15

Escribir es un vicio

Al alma se la doma, se la aquieta, se le impone una disciplina y luego se saca a pasear como si fuese un perro, se enseña a los amigos, se les dice lo estupenda que es, lo bien que le hemos enseñado y después vuelve uno a casa, se echa en el sillón de orejas, conecta el televisor y la deja hibernar. Porque el alma no puede estar siempre alerta, sensible, frágil, inquieta o curiosa. Necesita aplazarse, vencerse, dejarse querer por el silencio, que es una asignatura que no se da en las escuelas. Al alma le conviene una quietud; ahí se amansa, se observa, planea qué  pasos dar, cuáles no. En ese pensar las cosas andamos. No se sabe bien si tenerla siempre izada, a la vista, expuesta, ofrecida o dejarla en la sombra, cuidando de que nada la perturba, pero el oficio del alma es el riesgo, el no comprender, el titubear, el pisar con miedo. El alma está escribiendo un libro. Nosotros somos el libro. Un libro grueso o muy mordido de páginas. No tengo nada más que dejar dicho esta noche. Escribe uno como si no hubiese nada que decir o nadie que leyese. La escritura es una enfermedad. Escribir es un vicio. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Enviciados pues. Y agradecidos porque tú nos des una casa confortable en la que leer.

Juan M.