31.5.15

La libreta roja, la pequeña de anillas

                                                          (Max)


Una vez intenté escribir el esquema de una novela. Me ocupó un buen par de horas y emborroné de flechas y de círculos, al modo de la ilustración de Max, algunos folios. Al día siguiente, una vez que las ideas habían cuajado en mi cabeza y tenía una idea más o menos fiable de cómo empezar y a qué lugar dirigirme después, cogí las hojas y revisé lo escrito. Me sobrecogió la idea de que nada de lo allí plasmado era, en conciencia, asunto mío. Leía como si fuese de otro, avanzaba de un cuadro a otro como si husmease en la propiedad ajena. Le conté a K. todo lo que había sucedido y me sugirió que leyera una novela y tomase notas de todo lo leído, apuntando la trama y las tramas subalternas, los personajes principales y los secundarios y creyese, mientras hacía todo esto, que en realidad era yo el autor y no el que aparecía en la portada. Era una especie de pesquisa impostada de la que podría extraer una enseñanza útil para mi propia novela. Hice eso con Chesil Beach, la espléndida historia de McEwan. Leerla por segunda vez y hacerlo de esa fría manera me inquietó una semana entera, que fue el tiempo que tardé en acabarla. No había rato libre en que no cogiese mi libretita, una de anillas, de cubierta roja, pequeña y muy manejable, para dejar registradas las impresiones que me iban viniendo. Se lee como si no se leyera. Luego está la escritura como una lectura que uno se hace en voz alta. La novela que no se termina de escribir nunca se malogra por todas las novelas que escriben los otros. Tengo todo esto anotado en la libreta roja y pequeña, de anillas, la manejable. Estoy escribiendo la entrada de hoy en casa de mi hija, en el editor del blog que trae el iPhone. Igual la novela, la aplazada, la suelto este verano con este insólito instrumento.

2 comentarios:

Ana Doblas dijo...

Vamos a pensar las cosas: escribir una novela en un iphone? Solo tú podrías....

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

No, es una exageración, Ana, una grande, grande. Pero un post de un blog, sí. Cuesta, no obstante. Tengo los dedos gorditos...