23.3.15

La calle ha muerto



Un niño durará lo que duren sus juegos. Lo dijo Cortázar. Los juegos acaban cuando hay que explicarlos y las reglas que los gobiernan importan más que el desempeño mismo del juego, su inercia amable. Veo a diario cómo juegan los niños y sé que dejan de hacerlo cuando las palabras cobran la importancia que antes tenía el cuerpo. Quizá el deporte sea una extensión de esa infancia bruscamente interrumpida: tal vez jugar sea aplazar el ingreso completo en la realidad. Es el lenguaje, con sus trampas, con sus peajes, con su batalla dura por dentro, el que toma el lugar del cuerpo. Y hay niños que solo juegan en el patio de la escuela, y niñas, no me hagan creer que no lo sospechaban. Se les ha encomendado una labor tan ingente - tareas, clases extraescolares - que no cabe una labor más, ni siquiera la de jugar, la de no contar salvo con las propias reglas, las del juego que eligen. Si dejan de jugar, empiezan a crecer más rápido. Tal vez sea eso lo que se ande buscando: que ingresen más pronto que tarde en la rueda de la sociedad y empiecen a dar las vueltas que damos nosotros, queremos más gente girando, más comprando, más vendiendo, más gente poniendo cara de pocos amigos, más gente agria y enferma y triste, enemistada con casi todo lo que se le ofrece, hostil, muy hostil a veces. Y todo por no dejar que los juegos duren un poco más. Todo por dejar que el lenguaje ocupe el lugar en donde reinaba el cuerpo. Hemos matado al cuerpo, lo estamos matando a diario. Y yo sé qué horizonte hay: el de la abolición de la calle, sustituida por una pantalla multimedia, conectada a la red, lista para navegar y perderse en ella. La calle, ah la calle, el imperio del bien puro y del mal puro, el lugar en donde están los sueños cuando dejan de estar dentro de nuestras cabezas. 

6 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

Algunos de mis alumnos no pisan la calle. Deben considerarlo un territorio comanche, alienados como están por los mundos virtuales. Mundos que no existen ni son imaginarios. Qué incongruencia. Abrazos

Anónimo dijo...

Qué precisión tiene el diagnóstico. La sociedad está enferma. Yo no tengo alumnos, pero tengo cuatro hijos. Dos de ellos, que viven conmigo, pisan muy poco la calle. Lo tienen todo acá, no hay que echarlos a la calle a patadas, porque no van a ir. Dónde van a estar mejor que en la butaca con el mando a distancia, vamos ?

Una tristeza, si se piensa bien.

Irene Mohedano

Setefilla Almenara J. dijo...

El mundo está en la calle, la vida se encuentra en la calle, el milagro está en lo cotidiano, ah, qué extraordinario es en verdad lo cotidiano, a poco que uno se fija. Como bien dices, nuestros niños están atosigados por las obligaciones, acabado el horario escolar tienen más y más obligaciones. Además han aprendido a evadirse y también a estimularse a través de una pantalla. Creo que esto último es lo verdaderamente preocupante, que sean otros los que jueguen, los que experimenten en su lugar, y les valga.
Saludos.

Francisco Machuca dijo...

Mis mejores recuerdos de infancia son precisamente esos momentos de la calle, los tres meses de vacaciones de verano a lo Mark Twain, pero sin Misisipi. Salías de casa por la mañana y volvías por la noche encendido por el sol y las rodillas peladas. La bicicleta, la caballa fabricada con cañas junto al río y el robo de sandías y melones en los huertos calcinados por el sol. Sí, esos melones tan dulces puestos a refrescar en el río... Después todo fue y es falso. Es que, mi querido amigo, vivimos en la cultura del miedo, en la cultura de lo prohibido, la cultura de "todo molesta", la cultura de la protección psicótica, la cultura del niño sobrecargado de obligaciones que los padres toman como algo bueno: salen del cole y tienen clase de piano, de patines, de dibujo, de inglés, italiano, yo qué sé. La ciudad aséptica, la ciudad muerta. He visto en las plazas carteles de prohibiciones como estas: "Prohibido jugar a la pelota". "Prohibido gritar". "Prohibido las bicicletas". "Prohibido ser un niño a lo Mark Twain". "Prohibido imaginar que en estas calles existen tomas de agua y que un coche colisiona contra ellas y sale disparado un chorro de agua lleno de luz", y, por supuesto, "Prohibido quitarse la camisa, si se da el caso". Claro, que todo esto puede salir en un videojuego.

Precioso texto. Ay, escribo todo bajo la luz mortecina del neón de esta triste oficina.

Abrazos, amigo.

Francisco Machuca dijo...

No es "caballa", sino "cabaña". ¿Será por el aceitoso bocata que he comido hoy junto a la estropeada máquina de café?

Más abrazos.

Teresa López dijo...

Con tu permiso, que sé que tengo, lo imprimo y lo paso mañana, imprimido, por supuesto, con letra grande y clara, a mis compañeros de "cole"... Ya les tengo avisados y sé que dos o tres entran en tu Espejo.