11.3.15

La belleza, ah la belleza otra vez





Humbert Humbert siempre me pareció un pobre hombre. Nunca le tuve como uno de esos personajes a los que se les procura afecto y de los que uno extrae enseñanzas nobles y maneras con las que ir sorteando los avatares de la existencia. Me pareció ya desde las primeras páginas de Nabokov, o en las escenas que abren la Lolita de Kubrick, un hombre desgraciado o un desgraciado que comete la vileza de encariñarse de un nínfula, a decir suyo, de una niña metamorfoseada en su cabeza en un objeto idílico. Humbert Humbert es también un miserable. La belleza con la que aspira a ser juzgado, ese ideal de belleza clásico, imposible de racionalizar, se empecina a veces en malograr la vida de quien la siente y de algunos que le rodean. Es la idea antigua de que la belleza, en el fondo, es un elemento hostil y causa dolor y acarrea llanto. Y será convulsa, o no será, como dejó escrito Breton. Es también la idea - no necesariamente antigua esta vez - de que la belleza es una adicción al modo en que lo son ciertos elementos químicos y actúa como lo hacen ellos y precisa desintoxicación en la medida en que se precisa con ellos igualmente. 

2 comentarios:

JLO dijo...

yo siempre lo vi mas como víctima que como victimario a Humbert... la belleza es algo adictivo si, y peligroso encarnado en una mujer...

algo difícil de sostener a veces... salu2...

Joselu dijo...

Mi visión sobre H.H. ha ido evolucionando desde mi primera lectura sobre los veintitantos años en que me identifiqué con él por completo. Luego he ido llegando a tus mismos planteamientos. En todo caso, no sé si la sociedad moralista en que vivimos y que ha convertido todo lo relativo a la adolescencia y la infancia en un tabú, influye en nuestra percepción de esta relación.

No es desconocido que J.D. Salinger mantenia relaciones con puberes y adolescentes por carta, las seducía y luego las abandonaba cuando salían ya de la crisálida para convertirse en mujeres.

Leo estos días las memoria de Balthus el pintor que recreaba a ninfas durmientes en poses que algunos han considerado eróticas. Él lo niega totalmente y sostiene que quienes lo dicen no han entendido nada. Es un autor que busca el misterio de la realidad, ahondando en el misticismo.

Es posible que Lolita fuera creada totalmente por H.H. y que no existiera sino en su imaginación, pero ¿por qué es real que tantas niñas juegan a ser Lolitas?

H.H. fue víctima de un espejismo: Lolita, para luego, en una de las novelas más desoladoras que he leído jamás, destrozar esa maravilla que solo existía en su imaginación.

En todo caso es una novela tan poliédrica que no me basta la interpretación de nuestro moralismo puritano respecto a la infancia, fruto de un tiempo que mitifica a los niños y adolescentes por su escasez. No siempre se ha adjudicaco el mismo valor a la infancia. Cuando la pirámide de edades era mucho más amplia por la base que por la cúspide, los niños eran menos valorados, como pasa en países emergentes de alta tasa de natalidad.

Yo no despreciaría a H.H. No creo que sea una novela tan sencilla que plantee simplemente la relación entre un sátiro-miserable-machista con una pobre niña adolescente de la cual él se aprovecha. ¡Vaya novela que habría escrito Nabokov! Un tratado de autoayuda casi ¿no? Para prevenir abusos y demás. Creo que es más ambigua. Pero es políticamente incorrecto extraerl hoy día otras lecturas.