3.2.15

los cien hijos de charles bukowski

después de todo ahí está siempre esa siniestra manía de hurgar en la memoria con objeto de rescatar algún remotísimo resto de cordura o de encanto personal o tal vez únicamente un aviso mínimo de filantropía, pero acaba uno preñado de mala leche y andar así como encabronado, enfebrecido, no conduce a nada bueno o el encanto es un complot entre la líbido y el dow jones que contradice las más elementales reglas de la diplomacia
los que acuden siempre son los vicios, el vicio sencillo de ir aireando qué pecados nos definen mejor, apuntes bastardos de una vida tirando a crápula, un cierto abandono en las formas, noches en duermevela, blues sin complejos, todas esas sólidas buenas intenciones que al levantarnos abrazamos como maná metafísico y que luego devienen tristeza o algo que no puede ser nombrado con esa vaga fonética cómplice
algo sin lo que no sabríamos continuar
algo oscuro cuyo nombre nunca está a mano
sale uno a las calles
mira las tiendas 
compra el pan
lee a keats en una sala de espera de un ambulatorio
lee a mann en un balneario en las montañas
lee a austen en un cottage sobrio
lee la columna cruda del periódico de los días
todas esas cosas sencillas sin las que no sería posible soportar este trasiego
algo vagamente parecido a uno mismo con lo que afrontamos el resto de la jornada
como borges solo le pido al señor que me permita escalar la cumbre de cada día
lo digo cada mañana cuando piso la acera
justo en el momento en que piso la acera declamo un verso de borges
llevo años haciéndolo
no se lo he dicho a nadie
estoy confesando mi fe en borges
a borges le debo tanto que no me atrevo a pedirle nada más
por pudor sobre todo
porque no se puede pedir todo
porque ha habido días de borges sublimes 
días de runas y del aleph muy adentro
días de emma zunz 
de senderos que se bifurcan
de senderos que se bifurcan
salgo a la calle a primera hora de la mañana, compro el pan, miro el cielo y recito las palabras de borges afectadamente, como si no hubiese otra cosa que decir o como si alguien vigilara lo que hago y anotase en una libreta cómo empiezo el día
deberíamos tener un biógrafo
uno competente
cada uno debería tener un biógrafo
el biógrafo óptimo no será nunca uno mismo
no cabe la primera persona
no sé si lo ha escrito alguien antes de ahora
seguramente sí
pero todos deberíamos tener un biógrafo
uno que diese fe de los quiebros y de los voluntos
de chet baker en holanda y de los espasmos del amor a mitad de la noche
a partir de aquí el día suministra su ración de atropellos
el autobús está lleno
las calles están llenas
el ascensor está lleno
el rapidshare se pone imposible
el megaupload lo acribillaron en un despacho del fbi
de eso hace mucho
luego vino the pirate bay
the show must go on
luego la mesa de la oficina, el cajón, windows xp presenta, la agenda metódica y el ruido sin dobleces del reloj muerto en la muñeca
tengo una muñeca vestida de azul
windows ocho es la caña
yo soy de apple, pero es un vicio caro
con su canesú
se trata de ir vaciando la pereza en carpetas azules que van al armario de madera de pino de la habitación de la señora de la limpieza
hay armarios donde cabe una vida
libros donde se pueden meter varios armarios
o se trata de ir escuchando todas las noches un disco nuevo de jazz y acostarte con la sensación de que algo hermoso se ha registrado en la memoria
algo que contar después
debe haber una constancia en la escritura
dejar dicho o dejar escrito, mejor
al final del día queda uno amorosamente rendido y se ocupa del tic tac del estómago, esa procesionaria del rhythm and blues onomatopéyico, ese slalon del corazón
amorosamente rendido, tierno casi
me gusta decirlo así
soy un corazón al descubierto
aunque soy un pobre diablo
uno que no se tiende al sol
un corazón con todas las historias bien visibles
un corazón al descubierto
un diario que se abre y cuenta los secretos
racimo opulento de uvas o la boca carnosa de la muchacha carmesí, la muchacha del pan, que en ratos libres lee a proust, lee a kavafis, lee a rimbaud, lee toda la carne ardiente de la belleza endecasílaba 
la carne oh la carne
no escarmentamos nunca, volvemos a la carne, vivimos para entrar en la carne, somos la carne que renueva su fe en la carne
la muchacha mil novecientos ochenta y cinco a la que besaste en un bar y de la que no ya recuerdas nada salvo quizá la turgencia de los pechos en tus manos nuevas, la boca rompiéndose en la boca, el olor a tabaco en el paladar como una bendición, la vuelta a casa si es que era una casa, el tiempo como el río de heráclito, heráclito mismo contigo, volviendo por la calle real de san fernando, oh amigo, tú vas por mal camino, pero los poetas estáis como cencerros
recuerdas un verso de pizarnik, uno que celebraba la soledad
recuerdas la soledad de pizarnik, pero no es la tuya
no hay soledad que puedas ofrecer a nadie
apuntasa en una hoja de pedidos los versos más esplendorosos, la rima mayestática, los nombres más íntimos de las cosas
tuvo un novio que la dejó a los quince, pero ahora tiene un novio a los cuarenta que la espera en un coche de segunda mano, de tercera mala mano, para besarse después con melodías de europa fm, cosas ramplonas, la rancia evidencia de que no hemos aprendido nada todavía, la vida es un hit parade de serie b
ella en el beso recordará pasajes de mann, pasajes de balzac, todos los pasajes líricos de la novela decimonónica, pero el novio sólo aspira a una noche de sílabas tónicas, una visión a ras de epidermis de la harina obrera
los novios son una estaca de madera apretando el pantalón vaquero
el tiempo no acaba en un abrazo
el tiempo no acaba en un abrazo
lo supo ana karenina
lo supo madame bovary
lo supieron todas las heroínas de la decadente opulencia de los palacios con alfombras y cortinas historiadas
lo dejo a riesgo de que se me olvide
la memoria es la que escribe, no yo 
yo no he escrito nunca nada
parece que uno escribe, pero no es cierto, no lo es, qué va a ser cierto, no lo es en absoluto
escribir es un acto involuntario
cree uno que escribe, pero no es cierto, no lo es, qué va a serlo, no lo es en absoluto
la escritura es una cosa muy frágil
una vez que se ha rendido el texto deja de ser propio
estas palabras que ahora voy diciendo cómo van a ser mis palabras
no lo fueron o lo fueron un instante, ustedes me entienden
la memoria es la verdadera culpable, no yo
pero no podemos ir por ahí sin memoria
conociendo cada pequeña cosa por primera vez
ojalá existiese el país de las primeras cosas
hay una literatura estupenda que registra solo las primeras cosas
el mundo cuando todavía no se posee conciencia del mundo
las palabras cuando todavía no hay fiebre ni hay vértigo
diciendo vergel la primera vez
diciendo vírgen la primera vez
diciendo me ha gustado mucho por primera vez
las primeras veces
ah las primeras veces
stan getz por entonces
bebop fundando las tardes en cádiz
los besos y el bebop, la novia de mil novecientos ochenta y nueve
se podría escribir un libro sobre las primeras veces
escribirlo del tirón con una botella de jack daniel's
con un paquete de chesterfield
en el fondo no somos unos sentimentales
crápulas y descarriados es lo que somos
hijos de bukowski
quién duda que tuvo cientos
los cien hijos de charlie
unos días, crápulas
otros, descarriados
días en los que charlie mira a todos sus hijos y les mesa el pelo y luego los besa o es al revés
días en lo que somos ambas cosas de modo formidable
ah cómo amo esos días 
los días felices del primer abrazo
porque al abrazo novicio le siguen una legión de abrazos invisibles
ésos probablemente sean los mejores abrazos
los que no están
los imaginados
los abrazos repetidos en un sueño o en las palabras que usamos cuando le decimos a un buen amigo que alguien nos quiso anoche y que encontramos en otro cuerpo a dios y a su flota arcangélica de alucinados
pero el tiempo es un cabrón
el cabrón del tamaño más grande
y se va muriendo el abrazo y se va yendo el empeño en quererlo guardar
el abrazo muerto
el beso oscuro
como anna karenina en la página en donde descubre que la vida no vale nada
luego llega el atropello final de todas las desventuras
el final es siempre feliz
i'm gonna write the happiest ending
no impota que sea trágico
a veces terminar es ya una victoria
cerrando

3 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Estoy AMOROSAMENTE mecida por los "efluvios" de esta prosa poética deliciosa. Enganchado al estilo.
Quedo prendada, y atenta.

Dulcinea dijo...

No sé qué pensar, Emilio.
Por un lado, estoy entusiasmada, AMOROSAMENTE entusiasmada, como dice el anónimo de antes, pero... por otro...
No es que yo sea lectora de poesía, más bien todo lo contrario. Igual NO ES POESÍA, y yo creía que lo era, o dan igual las etiquetas... ¿Dan igual?
Espero, supongo, creo que que sí. Entonces, sin prejuicios, disfruto con esta tonalidad acelerada, permíteme. El otro día escuché a un amigo, poeta como tú, decir que la poesía no hay que pensarla, sino sentirla, como la canción de Manolo García. Resultado; yo he sentido mcuho, me he sentido muy espoleada con todo lo que has soltado en un tristrás... Porque sé, yo lo sé, que ha sido un tristrás.
Si lo piensas, no lo escribes.
Es cosa de que corrijas, por si algo merece la correción.
TE voy a dejar.
Iba a poner anónimo, que parece que está bien ponerlo, pero no soy de ésas... Una pista pues.