7.2.15

enter the sandman

de lo que no me conforta, de lo que me excluye, de las mesas sin recoger, en una terraza de un bar, de las palabras a medio decir, en un sueño, de los golpes que no suenan nunca y que aplazan la felicidad y dan al día el tono gris, el tono gris de los poemas tristes, el día en que uno escribe un poema triste ya no sabe cómo levantarlo, se aplica, se esmera y se esmera mucho, pero no se le van de la cabeza las palabras y el poema ronronea en la cabeza, que es donde están al final todos los poemas, yo tengo en mi cabeza todos los poemas que he escrito, los tristes son los que más duran, los que menos se dejan intimidar por mi voluntad de ser alegre y de poner la alegría en la ventana mientras suena una melodía pop, si no fuese por las melodías pop mi humor sería gris o no tendría humor, no lo tengo casi nunca, aparento que hay uno, pero es un humor de circunstancias, como una mosca que de pronto se para en el brazo y la violentas con un gesto, la mosca siempre huye, no hay quien la convierta en una mosca muerta o una mosca moribunda, me da lo mismo, lo que me importa es ir avanzando y no sentir que me distrae una mosca, una mesa sin recoger en una terraza de un bar o un pobre en la puerta del mercadona clamando justicia, pidiendo un mendrugo de hacendado, pero el pobre sigue ahí, a dos calles de aquí, y yo estoy escuchando pop, escribiendo en plan disperso, no sé si alguna vez me concentraré y escribiré con más hondura, sabiendo de donde parto y mirando al lugar a donde acudo, no va a ser posible, al menos no de momento, me voy a conformar con ir cerrando el post, con ir pensando qué cenar, porque hoy ha sido un día largo y mi cabeza necesita desconectar, perderse, no sé qué hace mi cabeza cuando yo no la administro, si me traiciona, si es la cabeza crápula o la admirable y entera, la que no se mete en problemas, la que se deja acariciar, la que lee a keats y escucha a shostakovich, la que se conmueve viendo melodramas de douglas sirk, la vida es una historia de las de douglas sirk, pero incluso eso no tiene importancia, en realidad qué puede tenerla, no sé, las palabras que no se dicen son las que en verdad carecen de importancia, pero las pronunciadas siempre acaban costando algo, tengo palabras caras, palabras baratas, palabras de un contenido lírico y otras, menos presentables, que suenan rudas, como un cráter en mitad de la lengua, lo que sucede no siempre es lo que uno desea, lo que se dice no siempre es lo que uno quiere decir, en ese plan, como si no hubiese una voluntad, como si todo lo administrase otro y no uno mismo, es muy confortable eso de que no seamos los verdaderos dueños de lo que decimos o de lo que hacemos, dejar que otro sea el que detente ese rol fantástico, el de las propias cosas, el de la historia sentimental con la que se montan las páginas de esta novela

2 comentarios:

Setefilla Almenara J. dijo...

Hay poemas tuyos en el blog, Emilio?
Saludos.

Miguel Cobo dijo...

Imitación a la vida, como el título de aquel melodrama de Douglas Sirk. Y llorar.