11.12.14

Esbirros


esbirro.
(Del it. sbirro).

1. m. Oficial inferior de justicia.
2. m. Hombre que tiene por oficio prender a las personas.
3. m. Secuaz a sueldo o movido por interés.


El mundo está lleno de esbirros. Años sin escuchar esa palabra, esbirros, y ayer la encuentro por dos ocasiones y luego una tercera, ya consciente de esa constatación semántica, cuando de noche en la radio escucho que un político los tiene y hasta que están mejor pagados que él mismo. Y ahora, en el blog de un amigo, me percato otra vez de su presencia, referida a una escena de una película. No sé si esbirro conviene a la condición del que obedece a ciegas lo que se le manda, aunque no tercie la violencia a la que acude al diccionario para acotar el término. Las palabras tienen su vaivén, adquieren con el tiempo extensiones físicas con las que no se contó cuando se instalaron en el acervo léxico de un pueblo; hay palabras que se desdicen continuamente, palabras que mutan sin acabar de perder del todo la esencia que las parió, palabras que se acomodan mejor a la nueva residencia que se les fija más que a la antigua, en la que languidecían, temiendo desaparecer. Está tan viva la lengua que no hay manera de que la sintamos siempre a mano: medra a su capricho, escoge la vía que más le place. Tiene esbirro la sonancia ruda del que está diciendo algo que le duele adentro. No se es esbirro con facilidad. Se imagina uno un escalafón en ese rango, una especie de concurso de méritos hasta que el candidato es merecedor de ese título. Habré sido yo esbirro en alguna ocasión que no recuerdo ahora. Siempre hay una situación en la que se actúa esbirramente. No habiendo prendido a nadie, en el sentido literal del término, imagino que habré seguido a alguien, cobrando a veces por ello o movido sencillamente por los sentimentalismos o por esa vaga idea de liderazgo que a veces se tiene. Advierto, sin embargo, esbirros en abundancia, esbirros en la alta política, esbirros de patio de colegio, esbirros de la línea editorial de un periódico o de los cánticos en los estadios de fútbol. Desconozco el tipo de esbirro en que me he convertido. Si uno ciego, juramentado, fiel o, bien al contrario, seré, en fin, el típico esbirro ocasional, de fácil captación, que colabora en un evento como se espera que lo haga y luego desaparece sin ruido, sin que nada de lo hecho le ocupe en la cabeza más del tiempo empleado en desempeñarlo. Está la figura del esbirro de plena actualidad. Le están rebajando todo el peso oscuro. Pronto ser esbirro será una actividad de la que presumir. Quizá malogre que no funcione más rápido la redención absoluta del término su fonética, esa doble erre sin posibilidad de maquillaje. Hay palabras que nacen condenadas. No hay manera que se las rehabilite. Ninguna posibilidad de que le perdonemos todo lo terrible que dicen. Si yo hubiese nacido alemán, no me preocuparían estas frivolidades ociosas. 

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