7.12.14

Crédulo, inocente, puro


                                             (Fernando Vicente,Ayer en Babelia, El País)


Como lector, que me engañen. Cuanto más, mejor. La mentira tiene las alas más hermosas que la verdad, que es gris y está disponible sin que nos la cuenten. No es la verosimilitud lo que busco cuando leo. Mi credulidad es casi absoluta. Me trago las ficciones en las que el mundo no lo escriben como yo imagino. Admiro a quienes me muestran el envés de las cosas. Su lado obvio, el que los sentidos registran, no lo eludo. Incluso algunos de mis escritores favoritos son albaceas de esa realidad pura, dura, lírica, hosca, fría, violenta o amorosa como un abrazo. No me planteo elegir entre Carver o Cortázar, entre McCarthy y Borges. Acepto que escribir sobre la realidad entraña una dificultad que a veces no posee escribir inclinado a lo fantástico. Dice Carver más sobre lo humano (o Chéjov o Hemingway o Marías) en un cuento de diez páginas que otros en novelas enteras. Y no es la concisión de lo que hablo, sino de la voluntad creativa, del conocimiento formidable de la condición humana, volcada en un cuento, en una película, en una representación teatral. Aunque mi educación literaria es más de Borges, se entusiasma más en sus mitologías, en su aleph panteísta, en su monumental cosmogonia. Lo fantástico me hace viajar. Imagino que, cuando leo, deseo es: un viaje, una fuga, pero no hay viaje que no salga de lo real y vuelva a lo real, ninguno que se quede únicamente en las alturas, en las afueras, en esa periferia apetecible de lo que no se advierte a simple vista. Toda la problemática de la novela, si es que la hay, proviene del hecho mismo de hablar sobre ella, de sacarla del lugar invisible en que no deseamos que esté y ponerla en circulación. Hablemos de las novelas. Que las que leemos sean parte de las conversaciones que tenemos con los demás. Que la literatura sea una extensión de la vida. Soy crédulo, soy inocente, soy puro, y me dejo corromper, me ofrezco a que me perturben y hagan que toda esa pureza se pierda y que gane, lujuriosa, la ficción, la vida mentida, la limpia presencia de lo que no está al alcance. 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Habría que matizar qué engaño o qué tipo de engaño usamos. En literatura no sé si vale todo. En la vida, por supuesto, no. La ficción es una deleite, pero a veces hay que bajarse a lo real y ver las cosas de cerca. para saber qué mundo tenemos, qué nos espera, qué podemos hacer por él. Prefiero el compromiso a la fantasía, un tipo de literatura social, comprometida, que exponga problemas o busque soluciones o las dos cosas, si puede ser. No he leído mucha literatura fantástica. Prefiero la real. Estamos de acuerdo en que hablar de novelas ya es algo positivo, y me satisface mucho leer con esta claridad en la web, en los blogs, que están llenos de mediocridad estilística.


Juan Alberto Pérez POnce

JLO dijo...

yo prefiero la fantasía también, la realidad la vivo, dame un poco de mentira y rock n roll...

por eso me fascina Cortázar, que no tiene empacho en mentirte y decirte que eso que te dice es la realidad verdadera ja....

Ramón Besonías dijo...

El engaño como un arte cómplice. Ese sí. Los otros, va a ser que no. El problema es distinguirlos.

Sin embargo, si miramos más cerca nos damos cuenta de que el juego de seducción al que somete la ficción con placentera entrega al lector es en realidad un universo real, potencialmente factible. En la lectura, lo real es el verbo. Más real que el aire que circunda al lector.

Ana María Sánchez Toro dijo...

Yo no me siento tentado por elegir. Nunca lo hago. Hay tanta literatura, tanta buena literatura...
Me parece muy bien que exista esta moda de hablar sobre libros, me gusta porque hace que la gente tenga cercanos los libros, pero...
No sé a donde conducen. Me quedo con algunos de los autores que citas. Chéjov es uno de mis favoritos. Sus cuentos, sus cuentos son joyas.