12.11.14

Los ruidos y los huecos

de lo que no me conforta, de lo que me excluye, de las mesas sin recoger, en una terraza de un bar, de las palabras a medio decir, en un sueño, de los golpes que no suenan nunca y que aplazan la felicidad y dan al día el tono gris, el tono gris de los poemas tristes, el día en que uno escribe un poema triste ya no sabe cómo levantarlo, se aplica, se esmera y se esmera mucho, pero no se le van de la cabeza las palabras y el poema ronronea en la cabeza, que es donde están al final todos los poemas, los poemas son una evidencia de que el mundo no va por nuestro lado, el poema es un desoír el mundo y es también un oírlo muy atentamente, un querer entrar en las tripas de la bestia, en dormir allí, en pegar la oreja a la misma tripa y empaparse del ruido que hace, yo tengo en mi cabeza todos los poemas que he escrito, he escrito mil poemas, los tristes son los que más duran, los que menos se dejan intimidar por mi voluntad de ser alegre y de poner la alegría en la ventana mientras suena una melodía pop, si no fuese por las melodías pop mi humor sería gris o no tendría humor, hay canciones en las que estoy yo, aunque no lo perciba de inmediato, canciones de tres minutos en las que mi vida discurre con absoluta eficacia, suenan en mi cabeza de poeta de miércoles lluvioso en lucena una pieza de the cure, un himno, el humor es siempre un humor de circunstancias, como una mosca que de pronto se para en el brazo y la violentas con un gesto, la mosca siempre huye, no hay quien la convierta en una mosca muerta o una mosca moribunda, me da lo mismo, lo que me importa es ir avanzando y no sentir que me distrae una mosca o un coche que cruza con rapidez la calle, una mesa sin recoger en una terraza de un bar o un pobre en la puerta del mercadona clamando justicia, pidiendo un mendrugo de hacendado, pero el pobre sigue ahí, a dos calles de aquí, y yo estoy escuchando pop, abriendo la mañana escuchando big in japan, now you're big in japan, escribiendo en plan disperso, no sé si alguna vez me concentraré y escribiré con más hondura, tengo un amigo que se recrea cuando me recrimina mi dispersión, emilio, deberías centrarte, poner un freno a tu verborrea, no vas a ningún sitio, no quiero ir a ningún sitio, me satisface mi oreja en la tripa de la bestia, el oído ahí bien pegado, sacando la información relevante, quién sabe lo que hay ahí, quizá se escucha a dios si uno presta la atención suficiente, ya digo, toda la atención de la que se pueda disponer, que no sé si tengo mucha o la estoy perdiendo poco a poco, sé de donde parto y miro al lugar a donde acudo y no va a ser posible, al menos no de momento, centrarme más, afinarme algo más, ya me entienden, me voy a conformar con ir cerrando el post, con ir pensando en qué ponerme, porque hoy va a ser un día largo y mi cabeza necesita desconectar, perderse, no sé qué hace mi cabeza cuando yo no la administro, si me traiciona, si malogra todos los planes que yo he ido pensando, si es la cabeza crápula o la admirable y entera, la que lee de noche a kavafis mientras escucha en el ipod una sinfonía de mahler, qué buena pareja, mahler y kavafis, yo sobro, bien mirado, deberían entenderse ellos, la cabeza es siempre la que manda, la que no se mete en problemas, la que se deja acariciar, la que lee a keats y escucha a shostakovich, la que se mete tres episodios seguidos de the killing o la que escucha el ruido que hace la lluvia en las persianas, si supiéramos qué hacer con los ruidos tendríamos un poema, quizá haya uno alojado en los huecos que van dejando los ruidos cuando no suenan, debe ser eso, yo no acierto a comprender las cosas, quién lo hace, nadie tiene las cosas nunca claras del todo, ni siquiera es bueno saber qué ruido hace el corazón cuando se encabrita, ignorar es una vía de iluminación también, lo sabían los poetas místicos, que sabían sin saber, que miraban y no había mirada interpuesta en el esfuerzo, me duelen las palabras a esta hora de la mañana, escribo torpe y ametralladamente antes de servirme el café en la cocina y preparar las clases de hoy, cuando viene el obispo al colegio, cuando la autoridad de los cielos en la tierra, una de ellas, otra irrelevante figura de la retórica del alma escribe en el libro de personalidades, el libro invisible que abrimos a diario, por si pasa algo verdaderamente interesante, por si el ruido se hace música, por si la cosecha alumbra metáforas y nos llenan la boca de prodigios

2 comentarios:

R. dijo...

No sobras, no sobras, nada de eso. Te has metido hasta el fondo, en la espesura... Buen miércoles, con o sin obispo.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Lo del obispo pasó. Que fue lo mejor que pudo pasar. Que pasara. No sobro, no sobras, no sobramos, claro. Meterse en la espesura es un oficio duro, a veces, R.