13.11.14

Días

Días en que uno vive la vida de la que habla y días que no nos corresponden y con los que tenemos un trato distante, al modo en que se producen las tramas de las novelas o de las películas, como si todo fuese ajeno y en esa dimensión sucediese y no nos incumbiese en absoluto. 

Días precisos como una sílaba tónica, días suizos, días con colmo de aritmética, que nos cuestionan la lírica de las cosas y se incrustan como una enfermedad y nos hacen flaquear y caernos. 

Días Kierkegaard, días con absoluta indiferencia a la intimidad, bruscos, llenos de palabras que conocemos por separado pero que no sabemos manejar si se juntan y nos hablan.

Días mansos. Yo adoro los días mansos. Días en que no ocurre nada. Blancos, los días. De una blancura que intimida.

Días Hal 9000, días Kubrick en vena, días para contar secretos, días que merecen un aparte, donde cuanto sucede es una cosa extraordinaria, días de máquinas más complejas que uno mismo, ante las que palidecemos y nos postramos, como si fuesen dioses.

Días de tres bourbons a última hora de la noche, escuchando Chet Baker, desplazando el miedo a que algo malo suceda mañana por la sensación muy plácida de que el amor nos visitará más tarde y nos hará dormirnos muy cansados, felices, inocentes, blasfemos y puros.

Días para entenderse uno, días solo para entenderse uno, días que acaban con la evidencia de que sabemos quiénes somos un poco más.

Días de vértigo y de fiebre.

Días como un disco duro al que hemos ido echando cuanto no sabíamos qué uso dar, días de una consistencia inútil.

Días perdidos, días huecos, días grises, días sin que nada verdaderamente hermoso nos visite.




6 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Días anfibios (o darwinianos), que ponen a prueba nuestra piel, pues es necesaria la respiración cutánea. Estos días húmedos de noviembre.

Muy hermoso y lúcido tu calendario apócrifo.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

No es apócrifo en partes. En otras es una mentira enorme, Miguel.

Encontré el paquete de Lucky.

Estoy mal y voy a peor, jeje.

Anónimo dijo...

Los días, persiguiéndose, ya dijiste.
Lo tengo anotado.


Pedro Miralles

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Graciar por anotar. Los días hacen eso, perseguirse. Ojalá sigan.

Rafael Roldán dijo...

Me sorprende la precisión de la sílaba tónica. ¡Cuántas átonas se pierden por el camino!

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Amo las sílabas tónicas. Con Tanqueray. Las átonas no dan juego. Abrazo grande, mi dilecto amigo.