14.10.14

Los enemigos pequeños


Lo que hace que no duermas bien por la noche o que no concilies ni siquiera el sueño es que pienses en el mal, en la posibilidad de que te lo causen o de que tú, sin desearlo, o a sabiendas incluso, lo ejerzas, pero el mal se esmera cuando es invisible y no sabes por dónde te cerca, hacia dónde te conducirá, qué parte de ti será la primera que lo padezca. Por eso el ébola, esa venganza africana, trastoca el estado del bienestar, la derecha del padre y la paz de los honestos. Los otros, los malvados, tienen un rival impecable. Supongo que habrá alguna vez en que todas estas cosas no pasen y no existan riesgos, de modo que mueras de puro viejo, cuando el cuerpo ya se apague, por aburrimiento, por propia voluntad de quien lo trae y lo lleva. Ciencia ficción pura, argumentos distópicos.

No se duerme uno pensando en el ébola, en el contagio, en la muerte dolorosa del virus cabrón, pero no hay noche en la que no esté a mano la injusticia, el paro, el terrorismo, toda esa cruenta batalla del hombre contra el hombre. No hay mascarillas fiables que frenen esa invasión antigua. La guerra es el hombre mismo, la sangre vertida la ha provocado el hombre mismo, el dolor más grande lo ha causado el hombre mismo. Luego vendrán los enemigos pequeños, los virus infinitesimales, la muerte invisible en su mayor esplendor, pero es la muerte a bocajarro, la de las bombas, la del miedo a las bombas, la de la injusticia, la del miedo a la injusticia, la que corrompe los mapas y hace agujeros en la tierra y en el alma. Y hay que frenar al ébola, claro. Eso no tiene nada que ver con todo esto que se me está ocurriendo. 

10 comentarios:

Pedro García Ramírez dijo...

Impecable. No se puede expresar mejor. Toda la historia del ser humano trenzada en dos párrafos. Me parece admirable esa capacidad de síntesis, colmada de poesía, de sentido común y de pesimismo de fondo. No se puede no ser pesimista, Emilio, desgraciadamente.

Rubi dijo...

No hay enemigos chicos. Todos nos derrotan. A veces creo que los pequeños son los peores. No te das cuentas y te vas cayendo, cayendo, cayendo...

El ébola es un cuento chino, dicen algunos. No será eso, pero bien que nos está solucionando la "hartura" de Mas en televisión. Perdona la franqueza y la espntaneidad.

Claudia Sweig dijo...

Los grandes son los mejores porque se les ve venir, Emilio. SAbes a lo que te enfrentas y pones en marcha los instrumentos para el combate... Los pequeños no los deseo. Quiero ver a mi enemigo de frente. Aunque sean el demonio mismo.

Francisco Machuca dijo...

Lo que está ocurriendo en este país respecto al virus es paranoia colectiva. Cualquiera diría que ya estamos en The Walking Dead (que por cierto ya he visto el primer capítulo de la quinta temporada). No obstante,nadie se pregunta cuánta gente hay que están en quimioterapia, cuánta gente tiene cáncer y cuánta gente muere de esta maldita enfermedad. Cuántas familias hay en estos momentos que no estén padeciendo esta maldición o un familiar cercano. Te lo digo yo que por desgracia lo padezco. Y ahora me vienen a decir cada día que hubo un tipo que no supo ponerse bien una bata o no se la puso lo suficientemente rápido. Tú lo has dicho, ¿cuánta gente hay que no puede dormir? ¿Por qué? Porque hemos creado un mundo de mierda: trabajos estúpidos, hipotecas, coches, hijos con un futuro de espanto, tarjetas de crédito, vacaciones caras pero aburridas, pantalla de plasma para que nos agobien constantemente, el catálogo de IKEA... hasta que un día, te enteras que tu padre tiene un cáncer, o que una buena mañana te das cuenta que no puedes mear... próstata, y en mi móvil Vodafone me dice que he tenido suerte porque acabo de entrar en un sorteo en donde se rifa el último modelo de...

Tu texto es buenísimo, amigo. Da para este tipo de reflexiones.

Fuerte abrazo

Pablo Martín dijo...

Un mundo asqueroso el que hemos creado, y seguimos haciéndolo asqueroso. El asco no hace que lo repudiemos, no, todo lo contrario: hemos sido educados para ir medrando en él, sin importarnos a quién hagamos daño, cómo escalafonemos. Muy aprovechable el texto, como dice Francisco.

Juan Herrezuelo dijo...

El hombre, además de ser un lobo para el hombre, es en sí mismo un virus para el cuerpo que nos aloja. Somos el ébola del planeta, deforestamos sus pulmones, contaminamos la sangre de sus ríos, convertimos en un basural su hígado, agotamos sus riñones... El otro ébola, el que nos aterra ahora, apenas ocupaba un lugar en nuestros desvelos antes de colarse por debajo de nuestra puerta desde ese otro lado, ahí donde mueren africanos a miles un instante antes de la información deportiva…
Ah, pero tu magnífico texto merecía un comentario mucho mejor que esto... Disculpa, Emilio. Es por este dolor de mandíbulas, de apretarlas tanto y tan rabiosamente…

Isabel Huete dijo...

Este estercolero en el que vivimos tiene eso: que no solo no somos lo que parecemos sino que lo que parecemos da mucha grima. Estamos inoculados del virus de la anomia y dudo mucho que se encuentre vacuna alguna contra él.

José Luis Martínez Clares dijo...

Me descubro, amigo Emilio. Jamás un virus generó tanta emoción. Un abrazo

Anónimo dijo...

No hay noche en la que no está a mano el dolor, ni la injusticia, ni nada de lo malo con lo que nos abres los ojos, aunque ya los teníamos abiertos; el texto los abre del todo; magnífico, muy emolcionante. Da tristeza que emocione todo esto. Sabias tus palabras.

Pedro Bonanzey

Alberto Cruz dijo...

Creo que el blog no tiene fin. Voy hacia atrás, por fechas, y es inagotable. Un descubrimiento, un descubrimiento muy feliz, Emilio. Me voy a dar un paseo, a tu salud, agradecdido.