26.9.14

Canciones políticas de Billie Holiday antes de salir a las terrazas de mi pueblo



Leí una vez que las ideologías nunca resisten la distancia corta, que en cuanto se las escucha de cerca se constata su fragilidad, lo desmontables que son. Los ideólogos vendrían a ser charlatanes de feria, embaucadores, gente de poco fiar a las que se les da bien hablar y con las que se mantiene una relación entusiasta si no se expone uno a su presencia. Una vez los conocemos, la ilusión se viene abajo. Están así las cosas, están las ideologías idealizadas, se las vende como si fuese un objeto de consumo, incluso un objeto de consumo sofisticado, de buen acabado. Uno es de izquierdas o de derechas, cristiano o ateo, librepensador o nihilista al modo en que es cliente de un gimnasio o bebe gintonics en el pub de moda de su barrio. Eso contrae la certidumbre de que podemos ir de una ideología a otro igual que podemos cambiar de marca de gafas. La política, que es el brazo armado de las ideologías, es la que pierde en todos estos juegos del ocio capitalista. Todo se ha mercantilizado, a todo se le ha colocado una etiqueta con un precio. El propio gobierno es una extensión (a veces poco fiable) del mercado. Deja uno de ser ciudadano y pasa a ser consumidor. Se pueden consumir las ideologías también. De hecho mueven un cantidad más que respetable de dividendos. Hay países enteros que son un parque temático, una especie de franquicia absoluta. Los políticos son agentes de campo, comerciales con una cartera de clientes a los que convencer de la bondad del producto. España es un producto presentable. Unas veces más presentable que otras. Días en los que España es muy presentable incluso, pero abundan los días de la infamia, los días de todos esas estadísticas sobre lo pobres que somos y lo raquíticos que son los sueldos. Creo que no somos buenos clientes. Y el negociado de ventas está intentando que todo vuelva a marchar. Que los escaparates estén resplandecientes y las ventas se disparen. A esa buena noticia la sucederán otras y acabaremos cerrando ejercicios económicos con cifras espléndidas. Seremos felices todos o unos serán más felices que otros. Siempre habrá una ideología que alivie a los desfavorecidos. A veces son los favorecidos los que las escriben, quienes eligen qué bandera la representará o qué eslogan irá por las calles como si fuese un himno. Además siempre es posible hacer que una ideología vire sobre sí misma y adquiera una musculatura social totalmente nueva. Que empiece en un ángulo de la política y mute a otro sin que se aprecie en ningún momento la mudanza. Es posible que no experimente transformación alguna por muchos años que pasen. Es lo que se llaman ideas fijas, maneras de ver el mundo que desoyen al mundo mismo. De cada uno de estas extremidades teóricas hay ejemplos como para llenar tardes enteras de conversación en una terraza. Ahora me voy a una, pero voy a hablar de fútbol o de metafísica o de amor puro o de las canciones que cantaba Billie Holiday cuando ya tenía el alma rota. Yo creo que siempre la tuvo. Todo esto son impresiones volátiles. Cosas que uno escribe después de una siesta reparadora. Ahora me voy a las calles. 

2 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Hoy sacas la basura a la calle, amigo mío. La basura de nuestros días, de lo que se ha incorporado ya a nuestra rutina, lo que se ha convertido en hábito, costumbre o como se le quiera llamar. Antes cuando estábamos en la mesa con la tele puesta, pinchabas con el tenedor un trozo de tortilla de patata al mismo tiempo que veías a unos niños negros muy brillantes con la panza hinchada y el rostro cubierto de moscas. Y uno se cabreaba porque a mamá le había salido la tortilla algo salada. Ahora hay que comer con Rajoy, con Puyol, con Montoro, con la Pantoja, con la Cospedal, y dale que te dale con la huida en plan Steve McQueen en Bullit de Esperanza Aguirre. Hay que comer con el rey (y después números romanos por delante), con casos de corrupción que llevan nombres que bien podrían haber estado en los títulos de las películas de Pajares y Esteso. Banderas, nacionalismos y ese chico momo con coleta y parka que se hace fotografiar en un campo verde junto a un perro y te dice que Podemos, ¿qué? me digo segundos antes de introducirme el trozo de tortilla de patata, que por cierto, está algo sosa. Hoy será el motivo de disputa con mi mujer. Y canta Billie Holiday Fruto prohibido.

Abrazos mil.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Uno sale a diario a dejar la basura en el contenedor. Días en que, sin salir, la deja allí. Vivir es fácil con los ojos cerrados, como dice la película, pero es mejor dormir, es mejor no ver, a veces, amigo, es mejor dejar que todo fluya, como si no nos incumbiera. No es el modo, no es el modo, pero ganas dan muchas.

Abrazos miles repetidos.