9.7.14

Sangre, vértigo, fiebre, azar

La sangre está hecha de vértigo y de fiebre, está gobernada por el caos, no obedece a nadie. Siempre que veo sangre, pienso en el origen del mundo, en la luz primera, en el chasquido fundacional, en el instante sublime en que surgieron el escenario, los actores y la trama de la obra. Lo del autor no ha estado nunca claro. Fascina la voluntad de esa fuerza invisible, intriga que siga avanzando, incluso maravilla extraordinariamente el hecho de que, a decir de los que saben de estos asuntos, tenga un final. A la sangre es a la que hay que interrogar. Está dentro, en su oscuro centro, en su pulso secreto, el significado del amor y las razones del odio. Contra la sangre no hay nadie. No se puede gobernar la sangre. El mundo es una extensión, una poco fiable a veces, de la sangre izada como estandarte, cantada como himno, pronunciada como salmo. Creo que esto lo he escrito más veces, pero es la sangre la que escribe, se replica a sí misma, se contradice y luego desdice lo contradicho. Solo por asomarse al mundo. Solo por ver cuáles son sus dominios. 

4 comentarios:

Joselu dijo...

Y de hecho este texto está escrito con sangre.

Manuel Hurtado dijo...

No se escribe ya con poesía, pero aquí siempre la encuentro. Gracias por eso, Emilio.

Juan Herrezuelo dijo...

Las letras con sangre salen, y con sudor, y con lágrimas. Pero si el resultado es el que acostumbran a ofrecernos tus magníficos textos, bien puede decirse, con don Francisco, que las venas han dado humor a tanto fuego. Un abrazo estival, Emilio.

Setefilla Almenara J. dijo...

Los prolegómenos de la sangre puestos en voz de otra boca, esa que no es la ciencia.
Espléndido.
Un saludo, Emilio.