7.7.14

Diálogo

Lo dijo sin pensarlo mucho. Esperaba que le permitieran ir contando, sin articular mucho las frases, sin entrar en honduras. Por el capricho de hacer un perfil. Por hacer una semblanza. Escribo, veo cine, leo libros, no hago deporte, voy de bares, enseño inglés, paseo con la familia, escucho jazz, no juego al mus, sé pedir perdón, duermo siestas memorables, fumo sin excesos, bebo como fumo, no creo en Dios, no conduzco desde hace 20 años, me rasuro al cero a comienzos de verano, me dejo crecer la barba cuando principia el otoño, viajo menos de lo que querría, me guardo de perder el control cuando me encienden, huyo del sol, adoro los días de lluvia, soy de una puntualidad grosera, no salgo a la calle sin los cascos de mi iPhone, mantengo un blog desde hace siete años, lo alimento casi a diario, soy del Real Madrid sin fanatismo alguno, admiro el tesón y la firmeza, como a destajo en ocasiones o prescindo de comer, albergo la esperanza de que el mundo no acabe convertido en un parque temático gobernado con mano avara por dos o tres multinacionales, tengo en el amor de los míos el aire con el que me lleno y procuro ser aire también yo para cuando ellos precisen llenarse, no soy amigo de salir al campo y pasear entre la floresta, me encanta lo urbano al punto de que soy feliz en una avenida, amo las grandes ciudades, aunque viva en una pequeña. En parte soy todo esto que cuento, pero probablemente lo que soy verdaderamente es lo que no se me ocurre cómo escribirlo, todas las cosas que entiendo como propias y a las que no sé registrar en palabras. Y luego está la fascinación que las palabras ejercen en mí. No hay día en que no sienta que les debo algo o día en que no me sienta privilegiado por manejar unas cuantas y manejarme con ellas en lo que expreso por escrito o hablando. Hablo mucho, a decir de todos los que me rodean. Estaría bien que dijesen que escucho mucho o que hablo mucho, pero lo hago bien. No busca uno la bondad sino el afecto. En esencia quizá solo buscamos que nos amen. La literatura entera sería un acto de amor. Al final siempre terminas hablando de lo de siempre. La literatura. El afán de Dios. Su negación. La devoción por la belleza. Creo que esta confesión no aporta nada, creo que quienes te conocen saben a qué atenerse o no lo saben en absoluto y no les interesa qué puedas pensar. Escribo, K. No alcanzo a encontrar con lo que me sienta más realizado. Es una metaescritura, una escritura vuelta hacia sí misma, un cofre lleno de conceptos sobre el cofre mismo, pero vacío quizá. Sobre la vacuidad también se puede escribir. Igual la literatura entera ha ido afinando ese concepto, K. Voy a abrirme una cerveza. 

4 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

Aún no nos hemos visto en carne y hueso. He oído tu voz al otro lado del teléfono. Llevo trazando tu perfil desde hace mucjos años, a medias entre lo que escribes de ti, de otros y de nadie, y lo que intuyó tras lo que no dices. En lo que evitas sin saberlo, en el espacio que deja un punto y aparte. En el intersticio de una palabra cautiva. Intento no cerrar un cuadro de tu persona, no ceder a la injusta descripción que trazamos de otros utilizando tan solo las ruinas y destellos que deja su verbo. Me reservo la coda infinita, lo no dicho, lo no revelado como postre. Amén. Abro otra cerveza a nuestra salud.

José Luis Martínez Clares dijo...

Que sean dos. Hay que brindar por tus palabras. Un metabrindis, si se me permite el neologismo. Abrazos

Isabel Huete dijo...

Tampoco nos hemos visto en persona, pero los años de amistad virtual me llevan a conjeturar que el día que nos conozcamos, o el no día que no nos conozcamos, será una fiesta con cerveza y brindis incluidos. Tú sigue escribiendo que nosotros, yo al menos, te seguiremos leyendo y queriendo. Besos, mi amigo.

Setefilla Almenara J. dijo...

Qué te digo, Emilio, que es un texto para identificarse, que nos haces de tu equipo, así, por las buenas, pese a que a mí, en lo particular, me guste en demasía pasear por la floresta, que allí, todo lo que se me mete por los ojos quiero llevarlo a la palabra, y lo hago, no creas, aunque no verbalice o escriba, ya quisiera a veces, te ocurrirá algo parecido estando en las avenidas, y es que escribimos mucho con la retina. Pero sí, de tu equipo. La devoción por la belleza, hablar sobre belleza, amén de ser entendidos o no.Qué delicia tu diálogo.