3.6.14

Una poética

Hay cosas que obligan a mirar con más atención. Los ángeles custodiando un vuelo de pájaros sobre unos tejados. Un caballo griego alocado por un campo de fresas para siempre. El aire hueco y enfebrecido después de una tormenta. La fe de la luz cuando acaba el día y los ojos se retiran a su cuartel de bruma. Nunca aprende uno a mirar. Lo hacemos sin oficio. Solo extraemos detalles. Se deja atrás tanto.

2 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Hoy he visto la prisa triste de la gente. He visto en los bosques encantados, una vez más,aquello que previamente se ha llevado. He visto las imágenes del día de hoy, las luces inesperadas del ahora, que siguen siendo más importantes que todos los libros. He visto la soledad como una terraza deshabitada, la paleontología del ladrillo que se descarna, la lepra paciente del tiempo, el primor antiguo y llagado de un chaletito donde habitan tantos olvidos. He visto tres escalones que no llevan a ninguna parte y esta primavera infiel poniendo su milagro inútil en una reja, en una tapia, en todo, en ese desolado todo que compone una nada. Veo mi presente porque solo me interesa el presente porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida. Despertar dos veces en un día al mismo sol es como robar repetidamente el tesoro del tiempo. Soy un ladrón de tesoros. Lo contrario a los demás, yo pretendo otra cosa: pillar al tiempo por sorpresa, cada día. Dar la intimidad del universo y el universalismo de un pájaro a la vista peligrosa de un gato. Pero a mis lejanías voy, como el poeta parafraseando. Hasta que un día, de mis lejanías no vuelva.

Abrazos, buen hombre.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Pillar al tiempo por sorpresa: ay, Francisco, qué empresa dices. Todo lo que cuentas (contamos)es tan puro que duele, que desconsuela, que hace que sintamos un dolor en el pecho. La poesía es eso, un dolor en el pecho. A veces no es otra cosa. Un refugio, también. Abrazos, repetidos.