24.6.14

Caer

Oscuramente también aquí la sed, el depósito sencillo de lo más humano, el verbo al que le extirpamos la flor y el vuelo y quedó en fuego menudo y manso, en la liberada costra que un día fue cáliz y ángel hermoso en la tarde del tiempo.
La sed y también la luz astillando la sombra.
El eco con su polen dentro.
El latín antiguo de los sábados infinitos, el severo moho de las palabras que ya no decimos y distraídamente extravían su secreto milenario en el aire profanado por un cláxon.
La modulación de la voz cuando se entenebrece, la fiebre de la voz cuando se encallece, el vértigo de la voz cuando se enfurece.

Me duele el muerto, el muerto con gaviotas de una película sueca que vi en el verano de cuando aquella novia de piel irlandesa.
El beso precoz que abre la sangre al mundo, la música contando el lento morir del cuerpo.
La poesía es un refugio, la poesía es un biombo tras el que escuchar jazz sin que te moleste el tiempo.
La vida imperfecta y la suprema verdad como una catedral a la que izáramos por encima de nuestras cabezas.
Lo póstumo, lo adormecido, lo que es preciso nombrar para que el olvido no lo invada de algas.
Las algas son la sombra, las algas son el miedo.
La madrugada como un arrullo de relojes chivatos que equivocan la hora y dan el ayer estricto y minucioso en el que fuimos felices y tocamos el centro mismo de la semilla.
Los días son el la fiebre, los días son el vértigo.
El invisible discurso del azul trepidando en la materia, el aleteo delicado del sueño antes de que los ojos se abran y contemplen las ruinas de nuestra inteligencia.
El eco que no es otra cosa que una voluntad de permanecer en el tiempo y ganarse el afecto del aire.
La cifra, mi canción, el drenaje del alma, el pan latiendo en la mano, el momento exacto en que me vierto en El origen de todo, en la madre hirsuta de la dolorosa tierra.

El poeta en una pausa, nombrando el asombro, buscando a Dios en cada palabra, Dios roto en su ojo, Dios diariamente Dios, a cada momento Dios como una letanía con la que el universo interroga a sus criaturas y les encomienda empresas altas y nobles que vagamente encienden metáforas a las puertas de los templos.
El recado de escribir mientras afuera la noche se desplaza hacia el día como un un sueño se desplaza hacia el olvido.
El amor aventado al breve refugio del poema, el viejo amor de las canciones de siempre que a capricho va respirando alturas indescriptibles de júbilo en cada sílaba.
El herido íntimo, el vulnerado, el roto por la maquinaria infame de los días.
La fuga, la espera, el fin.
Aquí el adentro, aquí conmigo.
Soy una pieza de una colección privada conservada en el sueño de alguien.



2 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Volar es para pájaros. Yo elegiría esta canción de Hilario ahora: El aleteo delicado de un sueño.

https://www.youtube.com/watch?v=UWslSA9T3V4

José Luis Martínez Clares dijo...

"La poesía es un biombo tras el que escuchar jazz sin que te moleste el tiempo". Creo que estas palabras definen bastante bien tus devociones. Al menos por lo que sabemos de ti a través de esta bitácora. Un abrazo