9.5.14

Ahondar

Vienen a veces a la cabeza palabras a las que uno profesaba cierto afecto y que se han extraviado de alguna manera. Palabras que colocaba en cuanto podía y que casi nunca esperaba que fuesen, por sí mismas, distracción de la conversación en que se contenían, pero qué placer tan enorme que así resultasen, que de pronto cobraran vida y desviaran incluso el motivo que las alentaron. Cae entonces uno en la cuenta de que el lenguaje es una especie de cuerpo vivo, que avanza sin el concurso de nuestra voluntad o que la desvía, acercándola a territorios que no conocemos mal o que ignoramos. No hay conversación en que yo participe en donde no perciba la contundencia fonética o semántica de una palabra y que no me induzca, ya digo que sin que yo lo promueva, a que la haga más manifiesta de lo que es, la eleve a un lugar de más preeminencia y no hay vez en que alguien, tarde o temprano, la reclama, la cree suya y la incorpora a su torrente lingüístico. Anoche, sin ir más lejos, fue la palabra ahondar. No había otra palabra mejor para explicar cierta cosa que debía ser explicada, y ahí vino, por obra de alguna magia maravillosa, ahondar. Se quedó y prosperó. No sé cuál será hoy la que me fascine. 

5 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

A mí, precisamente, me ocurre lo mismo hoy con la palabra "extraviado".No sé donde coño estoy ni lo que está pasando.¡No estoy,joder! Y como dice Fernando Savater: "Cuanto más años tenemos, menos nuestros nos parecen."

Abrazos,amigo.

Juan Torodal dijo...

Ahondas bien, ahondas bien, siempre adentro, sin quedarse arriba.

Isabel Huete dijo...

Lo hondo siempre vale la pena. Llegar a ello, alcanzarlo incluso si está muy oscuro y tiene telarañas. A veces pasadizos, túneles, recovecos...

Jose Luis G. dijo...

Qué bellas son las palabras y qué bien las usas tú siempre, Emilio.

Un abrazo.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Hay palabras con vida propia. Las ideas son palabras con mucha vida propia, entrelazadas, yendo hacia un sitio que a veces no conocemos, pero al que vamos, ciegos, obedientes. Cuantos más años... cierto, Francisco, amigo grande.

Juan, ahondo mal, ahondar nunca fue lo mío. La superficie. Esa es la que adoro....

Lo hondo vale la pena porque exige esfuerzo. Vivimos en un mundo donde poco merece esfuerzo, Isabel. Para entrar en el túnel hay que tener valor y saber que la realidad queda afuera. Hay tanto miedo...

José Luis, qué bien tenerte siempre ahí, qué amable siempre, pero no... no