11.4.14

Esta noche seré un elefante


Gregory Colbert

Un elefante se balanceaba por la tela de un araña. Como veía que no se caía fue a llamar a otro elefante. Las historias que nos cuentan necesitan de elefantes reunidos en la osadía de que la tela de la araña los sostendrá e impedirá, a pesar de la evidencia, que terminen cayendo. Es la historia la que hace que el elefante, a pesar del peso enorme, no se venga abajo y dé con el suelo. Ninguna de esas historias, por leve que sea, malogra el milagro de la narración. Vivimos para escuchar historias. Es la ficción la que invita a pasearnos por los días y por las noches. No hay día en el que no sintamos el prodigio puro de la literatura. Da igual que sea escrita o que la percibamos oralmente. Importa escasamente que uno sea el que la recibe o que tenga la generosidad de entregarla. El escritor es, por encima de todo, una criatura hecha de generosidad. Porque las historias están ahí. Solo falta la voluntad que las hilvana y el genio, donde lo haya, que la engalane y la convierta en un cuento. Somos los cuentos que nos han ido contando. Somos el elefantes arrodillado delante del niño, que lee. Las palabras salvarán al mundo. Si las mimamos, no tendremos que tener miedo. Quienes las ignoran, todos los que no piensan en ellas, serán los que no sean salvados. Esa es la salvación a la que deberíamos inclinar toda nuestra voluntad. Esta noche seré un elefante. 

1 comentario:

María Luisa Carbonero dijo...

Yo lo soy en todas.