15.3.14

Kafka Blues Again



Años entonces felices de sábados con trenka,
doce canicas en el bolsillo
y cromos adhesivos con la delantera del Atleti.
Trajo más tarde la vida
la turbia evidencia de su incierto propósito.
Años de amores imposibles
y el corazón siempre tan blando.
Años mestizos de un rubor sucio en las palabras.
Los días en su turbia versión de jaula consentida.
Luego vino Kafka, tan solemne y severo,
herrumbrando pétalos en el jardín.
Kafka, el gris, como un inmenso capitán de tristeza;
Kafka, invisible y puro, escribiendo el texto de todas
                                            mis más dulces jaquecas.

Pero la vida se abre paso con los modales que suele
y nunca sabe uno si tomársela en serio,
si apurar los días que nos ha concedido
y celebrar la ebriedad de sus fastos,
la dulce locura de su trama,
y no hay vida suficiente para alcanzar un dictamen
y pensamos en Kafka,
en el tiempo ganado a la tristeza,
en el sabor obsceno de los besos más hondos,
en la luz y en la sangre
desbocadas en el poema
como si hoy se acabase el mundo
y uno tuviese que registrar los milagros
por si alguien viene en el improbable mañana
y no sabe quién fue Kafka
ni cuántos goles metió Leivinha
en todos esos años gloriosos. 
Ya saben, el ángel guardián, 
el capitán de la tristeza.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi parte no-Emilio, pero sigue leyendo, sin perder comba. La poesía... qué difícil es. Un saludoooo

Sabes, no ?

Anónimo dijo...

Que me quedo a dos velas, quería decir, que he vuelto a leer mi comentario y me he comido palabras, creo.
Lo dicho, que nos vemos en los bares