9.2.14

Negro


A la chica le gusta presumir de hombre, pero en el fondo sabe que en los moteles baratos de las comarcales en los que se refugian, las alfombras son amarillas de nicotina y sudor, y la muerte ha reservado una línea en la trama. Atrás, justo después de los títulos de crédito, mamá prepara un tazón imprudente de leche malteada con copos de cereales. En la radio suena jazz en una de esas orquestas de la gran ciudad. Afuera, en las calles, un cláxon ahoga el júbilo y dispara la realidad como un fogonazo de tristeza. La sangre, no lo saben, llega en el minuto ochenta del metraje.

3 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

Gran película. Brindo.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

No tengo nada a mano con que brindar, pero brindo, my friend. Perdición de la buena.

Mar Iglesias dijo...

una de mis películas favoritas, madre mía, no puedo dejar de leer tu blog, me gusta