29.1.14

Charlie Parker con cronopios o con famas


No basta con ser un cronopio todo el tiempo. En ocasiones uno debe esmerarse y adquirir rango de fama. Leí a Cortázar cuando me importaba muchísimo ser una cosa o ser la contraria, cuando imaginaba que los demás medían mi influencia bajo el criterio del libro que estuviera leyendo (o que dijera que estaba leyendo, como dice mi amigo K:) o por la ristra de autores que fuera capaz de nombrar en una conversación de bar y de los que extrajese alguna frase memorable. No sé ahora si Cortázar tiene frases memorables. Está la travesía de La Maga por Paris, el andábamos sin buscarnos, pero andábamos para encontrarnos y poco más. Lo importante en Cortázar era la actitud combativa con el lenguaje, esa composición del encuadre narrativo en donde importa más el modo de contar las cosas que todo lo demás o donde, bien mirado, solo era remarcable cierta impresión global, no los detalles, la trama decimonónica, el listado de circunstancias favorables al relato, bien ensambladas. Rayuela está adorablemente mal ensamblada o, escrito de otra forma, no hay novela que esté mejor ensamblada que Rayuela. Hubo un momento en que me dije no volver a leerla nunca. De momento, a mi desgracia, cumpliendo a rajatabla compromiso tan absurdo, no he vuelto a perderme en su delirio topográfico. Hay mucho que leer y a veces conviene distraerse con las novedades, pero ya no hay clásicos. Uno mira a Cortázar y ve a Dostoievski o a Mann o a Proust. Se tienen a los cuatro en la misma balda, compartiendo la gloria perdurable, no el esplendor efímero de las ventas o el capricho evanescente de una moda. Yo creo que es el tiempo el que juzga. Nunca ha sido de otra manera. Es el que deja todo en su sitio, en el sitio al que cada artefacto cultural o cada emoción privada y personal debe estar. No he dejado de escuchar a Charlie Parker desde que me lo descubrió la novia de un primo mío. Recuerdo la fascinación del hallazgo, la ingesta dulce de esas briznas de gozo, que no gozo entero aún, toda la promiscuidad del jazz colándose como un torrente de luz, iluminando. No sé qué querrá decir que haya invitado dos veces, en dos posts seguidos, a Parker a este blog. No imagino ahora cómo, pero lo traeré de nuevo en la próxima entrega. Ahí estará. O de cronopio o de fama. 

3 comentarios:

vacaciones en abisinia dijo...

Cortázar fue un escritor profundo y su revolución fue demostrar que había siempre otro modo de ver la cosas. Y siempre me siento raro cuando veo que se lo están convirtiendo en un escritor de frases de facebook...

Francisco Machuca dijo...

La invención de los cronopios y de los famas fue uno de los grandes juegos de la obra de Julio que le permitió experimentar a fondo el truco de intercalar personajes irreales en la más trivial de las realidades y originó una fantástica respuesta de sus lectores, que multiplicaron los alcances de la propuesta. De hecho, aún hay muchísima gente que se define como cronopio o fama, como si esas fuesen categorías reales, del tipo de apocalípticos e integrados, según la definición del semiólogo italiano Umberto Eco.Cronopios y famas no podían ser más distintos, pero siguen habitando el mismo planeta, según Julio.Podríamos decir que los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos y los cronopios, en cambio, son seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, y yo, no recuerdo quién dijo que la literatura es describir esa habitación tal como la recuerdas pasado el tiempo, tal como el tiempo ha convertido esa sensación en literatura.

Escucho a Bird y te leo con abrazos.

Juan Herrezuelo dijo...

Digamos que soy un constante hijo pródigo que no puede alejarse demasiado de las páginas de Cortázar, las cuales siempre acaban por ofrecerme el mejor cordero y todo lo demás apenas me sienten retozar entre sus renglones, beber de ellos, nutrirme. Soy yo, no sus libros, quien se pregunta dónde diablos estuve tanto tiempo, ni por qué –yo también, amigo Emilio- me dije no volver a leerle en un tiempo. Sus libros me aceptan de nuevo, y de nuevo me acomodo en ellos con voluntad de durar, como si toda la demás literatura fuera pura seriedad requetebien ensamblada. Y ahora ese Cortázar de la A a la Z, tan cronopiesco, y ay, quién se niega….