15.12.13

Ulises, atado al mástil, escucha el canto de las sirenas


Hay asuntos a los que uno se aplica y de los que no extrae provecho, tiempo perdido, podríamos decir, tiempo entregado a no sabemos qué. Del tiempo nunca se posee un conocimiento certero, no hay una noción exacta de qué es y cómo nos va moldeando, de qué manera nos lleva y nos trae, dulcemente a veces, con violencia o con incomprendida saña otras. A vivir entramos vacíos y todo lo que en vida vamos acarreando para llenar esa oquedad luego se va perdiendo, arrimándose al olvido, saqueado por los años o por el hastío o por el dolor. Ese es el festín de las horas, aquí reside el abismo, en estas banalidades de adentro opera a su secreto modo, incendiándolo todo, el tiempo. Todo varía según la estación o incluso el día: los hay espléndidos, colmados, imprudentes en su sano gozo. No solo se viven, se agotan, sino que aprehendemos lo que ofrecen, lo registramos, le damos a la memoria material sensible, lluvia en el alféizar, veranos en las caletas, paseos felices bajo árboles que dan más que sombra, dan cobijo, dan luz, dan la verdad absoluta, mecida en el viento, convertida en revelación de unos segundos. Luego se olvida todo, más tarde se produce el vaciado absoluto, pero el vacío gana su pulso a diario, el vacío nos ata al mástil y nos deje a merced de las sirenas. El combate lo gana el atado, lo gana siempre Ulises. No hay vaciado que malogre la alegría. En realidad este texto en apariencia gris no trata de las cosas tristes ni del tiempo considerado como el cabrón severo que en realidad es: trata de la alegría, del don de la alegría, de las certidumbres que la alegría nos regala también a diario y de cómo la alegría va ocupando lo que se va vaciando solo, lo que desocupa el tiempo, el cabrón, ya lo hemos dicho. No es un texto de ésos grises de domingo suicida, Ramón. Es un cuadro, uno famoso incluso, al que le hemos eliminado todo lo que lo hace reconocible con la intención de irlo llenando con otras cosas. La vida es una mudanza.

3 comentarios:

Fackel dijo...

Claro que igual la vida es eso (y no digamos nuestros espacios cercanos, incluido el territorio en el que nos toca vivir): estancias vacías.

Me haces pensar con lo de que quien triunfa en el combate es el que no se deja seducir. Eso nos cuenta el autor (supuesto) Homero. Pero, en la vida real, ¿existe ese tipo Ulises? Probablemente, pero tales Ulises deben ser anónimos, no hacen ruido, solo ellos saben de sus logros y satisfacciones. Porque aquellos otros que se nos pone de ejemplo y nos incitan a seguir su camino publicitario me parecen oportunistas, mercachifles y seductores de pacotilla. Pero ¡cuán bella no es la imagen del resistente Odiseo amarrado al poste para que tanto canto aparente, que desvía y aporta vaciedad, no le haga sucumbir!

Hermoso texto el tuyo. Cordial saludo; gracias.

Carmona dijo...

Hermoso, como dice Fackel, y profundo.
Tengo que ponerme almdía en clásicos, leer a Homero... Mientras tanto...

Isabel Huete dijo...

A mí ya no me queda sitio en mis cuadros, tengo que vaciar otros para seguir guardando cosas. ;)