6.12.13

La escritura es un mapa del alma

La escritura posee su propia cartografía: se la puede embutir en un patrón y extraer pautas y elaborar incluso un procedimiento creativo, una especie de guía confiable. Luego se echa en falta un ingrediente que acaba malogrando la copia. Cree uno que sabe cómo escribe Cortázar porque ha leído muchísimo Cortázar, pero nadie escribe como Cortázar. En ocasiones ni el propio Cortázar escribiría como Cortázar, y ya estoy incurriendo en esa inclinación un poco involuntaria o inevitable de que la escritura de uno sea la del autor sobre el que se piensa o del que se está leyendo algo o se ha leído mucho. Lo difícil es encontrar un estilo propio, no distraerse con las voces conocidas, no dejarnos engatusar por lo que nos guste en los otros. Los años Kafka hacen que escribas a la Kafka. Y hay también años Poe o años Borges, periodos fértiles en los que la literatura nos explica más que la propia vida y en donde nos afanamos por encontrar un asidero sólido al modo en que lo ofrece la religión a quienes abrevan en ella.

Ignoro qué nudo narrativo será el mío, si es que alguno hay. Tampoco me preocupa tener uno mientras siga escribiendo. Sospecho cuáles me son más afínes y poseo una certeza absoluta sobre los que no me incumben en absoluto. Ya no tengo a ningún autor en la cabeza o no como los tuve, guiando mi crecimiento como escritor, tutelando la travesía de la sintaxis. De vez en cuando me deslumbra alguien de tal modo que adquiero trazos de esa escritura, giros que me fascinaron, pequeñas briznas de genio que después no cuajan como anhelo o simplemente ni siquiera ocurren. Como si yo supiera cuál es la receta, de qué secreto y maravilloso modo volcar el texto, pero después no encontrara el modo de hacerlo. Escribir es siempre un ejercicio de riesgo. Se expone uno mucho, se enseña en demasía. Quizá por eso incurre a veces en escribir a la Kafka, aunque no alcancemos ni por asomo el rango creativo o la excelencia de los modelos en los que conscientemente o no solemos mirarnos. Nunca tuve ningún año Bucay o Coelho. Sobre todo Coelho. Será que me expuse poco o que indagué sin entusiasmo. En ese mapa no me perdí.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Escribir bien como usted lo hace no le permite hablar con ligereza de la religión. No se abreva en la religión. Sé que puedo parecer quisquilloso o demasiado correcto con el uso de las palabras, pero deben usarse bien y no acudir a las que no expresan respeto al lector, a todo tipo de lector. Le ruego me excuse si le molesta que exprese mi opinión, pero una palabra, una sola, ha dejado muy tocado un texto formidable que habla de algo que me encanta, escribir. Escribiremos, contaremos nuestra visión del mundo, pero sin apartar a nadie.

Luis María Ortega Beato

Entre líneas dijo...

Harold Bloom escribió "La ansiedad de la influencia" hablando de lo mismo. No lo leí. Leí su canon. Y creo entender que piensa que todo lo grande se ha escrito ya. Todo está en Homero y en Shakespeare, y el resto es imitación, y que los siglos van diluyendo más y más el valor. Así que no sé si acabaremos convertidos todos en una especie de copistas cuando el pozo de la creatividad se haya secado del todo y vivamos de consumir soma como en "Un mundo feliz."

Creo que la preocupación me roba pocas horas de sueño. Siempre me consideré un imitador barato de Borges. No sueño con superar al maestro. Superar a Borges significa vencerle en horas de hastío releyendo “El Imperio y Caída del Imperio Romano” una y otra vez, o la “Enciclopedia Británica”, y mi vida está para otras cosas. Yo soy el alumno de la chuleta, me conformo con ser una copia pálida, si con ello consigo el aprobado.

Un saludo.

Rubén Cuervo dijo...

Da igual todo si escribimos, escribir, como una enfermedad. Estamos enfermos. Escribir envejece, pero es dulce ese morir.

Isabel Huete dijo...

Abrevar: dar de beber, fundamentalmente al ganado, pero también a personas. Beber.
"Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí" (Juan, 10, 14).
No, no veo yo ninguna incorrección ni falta de delicadeza hacia nadie sino una figura retórica muy bien utilizada por Emilio.
Tenía que decirlo, o reventaba :)

Paula Prats dijo...

No hacía dalta que Isabel Huete viniese a caballo en tu ayuda, pero qué buena ayuda, y qué hermosa

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

No creo apartar a nadie, no lo pretendo, no al menos ahora. Estoy cansado de matices sibilinos, de verbos que dicen o que no dicen, que hablan sin hablar, que apartan. No sé si le he molestado mucho. Sinceramente lo siento, pero no fue mi pretensión. Es posible que en el futuro se me escape otro verbo que le moleste. Si pasa, apártelo.
Gracias por entrar, Luis María.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Vivo sin prisa, José. Lo hago bien así, creo. Escribir es fundamental para irme contando esto y lo otro, para que quede un registro, digamos. Imitar, escribir, leer, olvidar, recordar, qué más da. Muy bueno que entres y leas. Abrazo.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Enfermedad, Rubén. Esa palabra, tan dura, conviene.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

No revientes, Isabel, mi amiga, no lo hagas. Ponte fuerte contra las cosas insensatas del mundo. Coge la Biblia si hace falta y saca la nota a pie de página que mejor convenga. Un beso.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Gracias Paula. Te las da Isabel también, seguro que sí.