16.12.13

El río



                                                     A mi amigo Miguel Cobo, registrador riográfico


Yo siempre quise ser Tom Sawyer. No a tiempo completo. Tampoco con frecuencia. Mi Tom Sawyer sería de árbol y de verano, de juego y de río. Uno va olvidando estas frivolidades del alma lúdica y las va sustituyendo inconscientemente por asuntos serios, por obras mayores, por todo lo que nos dijeron que era útil para hacerse una criatura de provecho. Nada de eso que se nos ha contado está en el momento en que te zambulles. Ni en lo profundo del río, en el silencio turbio del agua. Se va adquiriendo conforme te vas alejando del río. Donde no hay juegos. En los templos de la cordura. Este es uno de esos templos paganos a los que la memoria regresa en cuanto pueda. Se tienen muchos, se tienen bien guardados. De su registro completo, sin pérdidas, sin que el olvido les saquee una brizna de hermosura y de emoción, depende que en la edad adulta, a pesar de las obligaciones y de todas las máscaras que nos encasquetamos, vivamos felizmente. Cuento con que eso no se consigue, pero el río de Tom Sawyer tutela la posibilidad de que sea cierto.

3 comentarios:

Rafael Indi dijo...

Los ríos se pierden en las nuevas infancias. Alguien lo llama progreso, yo no sé cómo llamarlo.

Un saludo, Emilio.

José Luis Martínez Clares dijo...

Cómo me gusta que nuestros amigos vayan surcando esos ríos, afluentes, riachuelos y corrientes esporádicas que, a veces, desembocan en un encuentro. Abrazos

Francisco Machuca dijo...

El marginado Huck observa con distanciamiento desde su balsa la sociedad a ambas orillas del río. En uno de mis episodios favoritos, se pone de manifiesto cuán hipócrita es en el fondo la decencia de las respetables clases medias: el domingo, se encuentran en la iglesia dos familias enemistadas entre sí y escuchan conmovidos un sermón sobre el amor fraternal con sus armas listas para ser usadas en cualquier momento. Al final del libro, Huck da la espalda a la civilización y se dirige al todavía inexplorado Salvaje Oeste. Huckleberry Finn se considera la primera obra realmente estadounidense, porque describe un mundo que nada tiene que ver con la cultura europea: narra la vida en el río Mississippi y en las orillas de los estados de Missouri, Arkansas y Luisiana. También su lenguaje es estadounidense: Huck narra en primera persona su travesía en almadía y para ello utiliza una forma de expresión que tenía poco en común con el inglés que se hablaba en Europa. El marginado vagabundo Huck está apartado de la comunidad y es, a la vez, su alma buena. Huck constituye la gran visión estadounidense del individuo en el que aúnan la libertad interior con la integridad moral.

Como has comprobado este libro es uno de mis favoritos de siempre y creo que cuando llega el verano siento a Huck dentro de mis venas.Lástima.Me crié en un lugar donde no había río.Hoy mi río surca mi memoria imaginada.

Un fuerte abrazo.