30.10.13

Viajes / Intromisiones


Viajar solo sirve para ir descubriendo uno el paisaje de adentro. No importa el trayecto, lo lejos a donde vayas, los sitios formidables que visites: a lo que aspira secretamente el viaje es a descubrirte la geografía interior. No hay ningún viaje más espléndido que ése. Ninguno al que se le pueda sacar más provecho. Hay quien prescinde del viaje físico, quien (movido por la obligación o determinado por la voluntad) no se desplaza más allá de la comarca en donde nace. Quien, a lo sumo, hace un par de viajes más o menos relevantes. Bach, al parecer, no salió de su pueblo. No concurrió para la forja de su talento ninguna circunstancia que proviniese de contemplar la vida de los otros, de asistir a la ceremonia riquísima de las costumbres ajenas. Todo le vino por derivación natural, digamos. Hay quien, bien al contrario, viajando, no recibe esos dones del espíritu y se queda a medias o no accede siquiera a sí mismo, al paisaje interior. Turistas, mas que viajeros, gente sin interés en lo que ve. Como quien, leyendo, no captura la esencia de lo leído y solo pasa las palabras, pronunciándolas sonoramente, vocalizando con esmero, pero sin ahondar en lo que las palabras cuentan. 


Tiene uno la educación a flor de piel, pero hay veces en que desbarra, se pone grosero con colmo y le sale la vena incivil, la que no debería brotar y la que, sin embargo, más se disfruta después, a toro pasado. Y según el día, a capricho del color con que amanezca, está uno más o menos educado. Hoy lo he estado de modo absoluto al mandar a paseo a una señorita que me ha entretenido un escaso minuto en la creencia de que me acabaría colando el seguro. Viene siendo costumbre en casa desatender estas intromisiones domésticas. Probablemente pierda quien no lo merece, pero ganamos nosotros. No hay temple ni hay cordura: a veces acude el yo irreverente, el yo improcedente, el que no cuida el lenguaje, el oculto. Y es ese yo el más placentero. Están consiguiendo justamente esto: que pierda el pudor, que las buenas maneras sigan siendo las recomendables, pero no las disfrutables.

2 comentarios:

Ramón Besonías Román dijo...
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Ramón Besonías Román dijo...

Se puede viajar como huida de sí. Como desalojo del alma. Viajar para borrar disco duro. Viajar y descubrir que como en casa en ningún sitio. Viajar sin mover una ceja. Dormir viajando. Viajes soñados.

Respecto a eso de mentar la madre que parió a más de uno, firmo. Rubrico en sangre.

Buen Jálogüin.