24.10.13

Chet vive / Me enamoro muy fácilmente...



Nadie canta como Chet cantaba. Ni siquiera gente que canta muy bien a lo Chet canta como Chet. En cierto sentido, ni siquiera Chet Baker mismo era fiable haciendo de sí mismo. Tenía caídas considerables, tenía oscuridades en la voz o dentro de su propia cabeza que malograban el esplendor de un talento único, irrepetible. Es que no hay nadie que cante como este astro inestable al que le pudo más el subidón de las hierbas que toda la música que estaba escondida en el corazón de su trompeta. El disco de Joe Barbieri quiere ser un tributo, pero no podrá serlo nunca. No hay ningún disco, por bueno que sea, del que podamos sentirnos satisfechos. Chet vive, sí, pero no en este disco. Y es bueno, a pesar de mis reticencias. Es muy bueno. El cantante italiano borda todas las piezas y su banda, en la que brillan un émulo brillante del Chet instrumentista Luca Aquino y un pianista enorme que no conocía (Antoni Fresa) cumple con creces. Es jazz muy intimista, de un fuste melódico que bordea el ensimismamiento. Nada que objetar a ensimismarse, no crean. Me dejo aturdir, me abandono, concedo que me invada una pereza absoluta y que la música restituya lo que el día me ha robado. Esa sensación de plenitud privada. El jazz, este tipo de jazz al menos, hace que note cómo mi corazón late. Juro que late. I fall in love too easily.

5 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Chet no daba nada de sí mismo, al revés de la intensidad dramática de la trompeta de Armstrong, o el sonido desprovisto de compasión de Charlie Parker. La música que Chet hacía se sentía abandonada por él. Tocaba las viejas baladas con una larga serie de caricias que no llevaban a ninguna parte y se disolvían en la nada. Pasó la mayor parte de su carrera reproduciendo una y otra vez standards, especialmente "My Funny Valentine". Demostró ser capaz de hacer que incluso la canción más raída sonase fresca y nueva con una profunda penetración emocional, aparentemente contradecida por su estilo natural y directo con una clase de fragilidad casi "femenina".
Chet cayó al vacío en un hotel de Amsterdam mientras escalaba su fachada en busca de su trompeta en la tercera planta. Quería recuperarla sin pasar por recepción porque acababan de expulsarle del hotel.
No puedo dejar de conmoverme cada vez que pienso en Chet allí muerto en plena calle a altas horas de la noche y todo en silencio, porque el sentido del silencio fue la materia prima del músico. Quisiera recordarle para siempre en unos de esos momentos tan característicos de Chet a la hora de interpretar sus temas: se acerca al micrófono, deja pasar cuatro, ocho compases, y desde el mismo momento en que ataca la nota, ésta alcanza toda su plenitud. Consigue una escucha profunda del público porque da toda la significación musical al silencio antes de empezar su solo.
Como si tuviera alas.

Abrazos después de un tiempo, pero siempre vuelvo,amigo.

J. dijo...

Muy bueno tu artículo y muy, muy bueno el comentario de Francisco. Da gusto entrar a este Espejo. Saludos. Me busco en el Spoti el disco YA.

Santo Varón de los 40 dijo...

El jazz no tiene palabras: tiene corazón. Todas las buenas músicas no permiten que se escriban sobre ellas. Chet vive, claro. Ahora mismo me pongo el vinilo, el disco a 33 revoluciones y un tercio, que mi hermano Juan me regaló cuando vio que yo era un tipo raro también y no escuchaba lo que todo el mundo. Chet vive. Qué alegría.

Mayka dijo...

Jazz hoy domingo. Por usted, por Baker.

Ana Mohedano dijo...

Grande Baker.