10.6.13

Pequeño autorretrato con mosca



Creo que así me ven las moscas. A veces debería uno confiar en ellas, en cómo advierten nuestra presencia y la registran.  Lo que es seguro es que no somos como el espejo nos devuelve. Es otra cosa la que los sentidos nos restituyen, pero no la realidad. Quizá no sea posible aprehenderla de una manera rigurosa. No habrá criatura que nos vea como creemos ser vistos. Ni siquiera aquéllos con los que compartimos un mismo mapa genético. De hecho no se nos ha permitido observarnos desde afuera, salvo que uno domine la experiencia astral y vuele de su centro a la periferia y en el aleteo pueda contemplarse. Somos lo que nos dicen. A veces conocemos mejor a los que tenemos cerca que a nosotros mismos. De los demás sabemos el significado de gestos que nunca reparamos que podamos tener y desplegar. De ellos apreciamos maneras de inclinarse sobre los objetos o de mirar que no consideramos jamás en lo más íntimo nuestro. Y lo fascinante es precisamente todo esto: esa incertidumbre, esa zozobra. La aventura de vivir precisa de estas fragilidades. Solo nos interesa lo que asombra y qué mejor objeto de estupor que uno mismo. Como si se nos hubiese encomendado irnos conociendo y supiéramos que no habrá vida lo suficientemente larga como para acometer con solvencia esa azarosa empresa. Porque es el azar el que lo administra todo. El azar, su mecánica absurda. Sospecho que algo queda fuera de su gobierno, aunque sea la impresión de que las moscas nos observan con perplejidad o que, en su breve existencia, conocen lo que la nuestra, tan dilatada a veces, no alcanzamos.

5 comentarios:

Raúl dijo...

Las moscas:esas gran analistas.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Por eso mueven tanto la cabeza. Para no perder detalle, Raúl.

Anónimo dijo...

Dónde está la mosca, Emilio? Aquí o aquí? De verdad que te temo cuando te pones tragicómico. La gran tragicoemdia de mi maestro mayor, y aquí que lo leamos.

M.A.F.

Juan Esquivel dijo...

Fascinante esa llamada a la naturaleza intelectual de la mosca, a su capacidad psicoanalítica, pero hay más: la mosca tiene la facultad de morirse tan pronto que no le da tiempo de comunicar sus conclusiones a nadie, y nos perdemos los matices, los grandes matices sobre la verdad de la criatura llamado El Hombre. Fascinante de todo grado.

Anónimo dijo...

No sé si el tono de los comentarios es jocoso per se o jocoso para incomodar, pero a mí me ha encantado el post, lúcido, Emilio, muy lúcido, con moscas o sin ellas.

Pellezuelo