22.6.13

Apuntes

Los días son ficciones
Igual que en ocasiones para escribir un buen cuento solo necesitas una frase memorable, uno de esos comienzos perfectos que reclutan de inmediato el asombro de quien lee, los días precisan también su reclamo fantástico, el punto desde donde levantarlos, ese pequeño prodigio que el azar nos confía y sobre el que en ocasiones hace que el mundo gire. Días encomendados a la alegría, días sin ningún inconveniente apreciable, días ganados al desencanto. 

Viva la modorra
Entró ayer el verano sin la fanfarria térmica de otros años. Lo dijeron en televisión y casi no hice aprecio. Absurdamente. Odio el calor. No sé combatirlo. Carezco de cualquier iniciativa creativa que lo palie. El recostado debajo del split no es un recurso imaginativo. Lo único bueno de esas tardes infinitas en las que uno imagina arder la calle es la posibilidad de sestear o de consumir cine sin pudor, indiferente a si es una obra de arte la que hemos escogido o es una cosa infumable de serie B. Uno es exigente después, cuando el calor se retira. Mientras esté cerca, no tenemos voluntad. Yo, al menos, no la tengo. Me dejo llevar, me hago amigo de la bruma indecente de no pensar en nada, me enamorisco de la pereza, me dejo conmover por los vapores exquisitos de la modorra. 

Posting
No sabe uno nunca cómo desconectar o incluso no tiene claro si servirá para algo. Tampoco si esta absoluta certeza de estar conectados es tan nociva como algunos se obstinan en hacernos ver. Mi amigo K. sostiene que las redes sociales son una enfermedad como otra cualquiera. Una que precisa fármacos como si fuese un jaqueca o un ataque de asma. Me confía la idea de que todos los que estamos a diario en los blogs y en el facebook, mandando o recibiendo whatsapps o pendientes de la bandeja del gmail en el iphone andamos un poco acelerados. Hay personas a las que nos conviene el brío. Sacamos partido de ese estado espídico de las cosas. Va uno aprendiendo a desconectador sin perder de vista el interrumptor que nos activa de nuevo. Hoy sábado, en lo que a mí respecta, toca no tener plan alguno, no hacer nada de lo que hacemos normalmente, caer en la cuenta de que es bueno sentirse hospitalario con uno mismo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Dónde esconderse del calor?
En qué brazos dejarse llevar, como dices?
Qué refugio buscar?
Llevo años pensando como tú, no sé quizá toda la vida, pero no tengo nunca las palabras para expresarlo. Tú lo has hecho fantásticamente.
Me apunto a tu manera de pensar el verano.
Emilio Correa Palma

Molina de Tirso dijo...

Está de enhorabuena. Este año no hay verano.

Se puede reflexionar sin vegetar y viceversa, pero no es obligatorio.