25.5.13

Una teoría de la soledad













Hay días mal abotonados al alma. Días de vértigo y de óxido muy pulcro. Son los días de la disidencia. En los que uno no se encuentra ni siquiera la voluntad de encontrarse en un desamparo absoluto. Porque el que está perdido posee, al menos, la certeza de su desquicio y se mueve en un mapa íntimo, uno que ha estado dibujando pacientemente. No sabemos si al final ese plano minucioso construye las líneas de su cara, pero hay quien sostiene que en realidad lo único que hacemos en esta vida es irnos encontrando, zafándonos de los gestos inútiles, lampando porque alguien se nos acerca y nos guíe  en la oscuridad. En cierto modo los días del vértigo y los días del óxido hacen que seamos lo que en verdad somos. Los otros, los felices, los días de la luz en el alféizar del alma, poseen un valor menor. Se los aprecia por lo insólitos que son, pero el intérprete de nuestra trama se siente más a gusto bajo la lluvia, fatigando las calles, pulsando las cuerdas de su tristeza. Luego vuelve a casa, enciende el brasero bajo la cómplice mesa camilla, mira los muebles del salón y recuerda cómo fue comprado cada uno y el mimo con que los dispuso. Los recuerdos, por ahí adentro, también cosas que uno compra y que distribuye después con mimo. Por eso el hombre, después de haber estado bajo la lluvia, ha cogido un bolígrafo, un triste bolígrafo al que nunca había prestado atención, y está escribiendo en una hoja improvisada el relato sencillo de lo que está sintiendo. Los días mal abotonados. El vértigo. Toda ese óxido de una limpieza escandalosa. Y se siente solo de una manera brutal y sabe que quizá, al tiempo que escribe, encuentre un modo de volver a casa.

12 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

"Hoy estoy sin saber yo no sé cómo..."

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Ni yo y sin embargo...

Miguel Cobo dijo...

la soledad es la distancia entre la duda y el miedo.

Marián dijo...

Precioso lo que ha escrito usted. Porque la lluvia siempre refresca...abre la pupila y cuando llega a casa escribe sobre esa introspección. La imagen preciosa, también la de la portada de este blog. Manhattan.

Un saludo.

José María Cantero dijo...

Me recuerdo un cuento de Carver del que no sé ahora el título. Un hombre muy triste, que después de pasear su ciudad a diario, vuelve a casa y escribe cosas sobre la gente queve. Todo muy triste, pero muy esperanzador también. Mientras haya gana de dejar constancia de lo que vemos, el mundo se salvará. Gran tblog, Emilio.

Francisco Machuca dijo...

Es muy hermoso todo esto,amigo mío.Pero yo tengo otra teoría.Es hermoso,también,contrastar.Dice le poeta Caballero Bonald: "La soledad me salva de estar solo." ¿Qué es la soledad?¿Una carga, una angustia, una maldición,como han querido hacernos creer, o, por el contrario, el más preciado valor,a punto de ser destruído por la colectividad omnipresente? Volvamos al viejo Schopenhauer: "Quien no ama la soledad,tampoco ama la libertad;cuando uno no está solo y no tiene tranquilidad,no es libre." Celoso de mí de mi soledad.Vivir es errar en completa soledad al fondo de un momento ilimitado.

Y ahora me voy.Abrazos mil

Fernando Campo dijo...

La soledad de la que habla Emilio, creo que es literaria. No es que Emilio piense así, o piensas, Emilio? El héroe literario, el que anda las calles, es el que habla... O no es cierto? Es una idea, tan solo. Bien el comentario de Mahuca. Ahora viy a salir a la calle. Nada de soleda. El ruido, que venga el ruido.

Anónimo dijo...

Hola, soy Juan Villodre.
La soledad es un material magnífico para los escritores, pero un mal para quienes no escriben.
Yo la he padecido y la pdezco de vez en cuando, pero me quejo lo justo. Hay de vez encuandoincluso rato buenos de los que te aportan algo. La música, los libros, el cine ayudan, pero no completan. Hoy no es un día redondo. Será un día de esos tristes de los que hablas aunque no llueva en mi ciudad.

Carmen García dijo...

Amo los días mal abotonados, pero de vez en cuando... está bien un poco de orden en la ropa.

Anónimo dijo...

No hay relato sencillo de lo que está pasando.

A.M.

Anónimo dijo...

Ninguno más deleitable, compañero.


Luis

Isabel Huete dijo...

Cuando escribes esas cosas tan desoladoras después me pongo triste y no me gusto.