11.4.13

Post

Hubo un tiempo en que me encantaba la palabra bonancible. La usaba en cuanto podía. Para lo que me gustaba, la usaba poco. Había situaciones en las que, sin venir a cuento, la sacaba, la aireaba, la exponía a la consideración de quienes me escuchaban. Hay palabras que hablan del que las dice más que una frase o un parlamento entero. Te puedes tirar una noche entera hablando sobre los desahucios, blandiendo argumentos de fuste, sin que te hagan ni puñetero caso, pero ah si dices bonancible. En el momento en que la palabra escapa de su jaula y se iza en el aire como un arresto de campanas todo el mundo se queda mirándote y algunos, los más osados, los más sensibles también, la repetirán sin estruendo, como si fuese la primera vez que la escuchan. Lo hermoso de las palabras está en que ensamblan bien entre ellas. Si no calzan, ladran. Hay palabras de un estruendo insoportable que, movidas de campo, adquieren un melifluo pulso de junco al que el viento mece y engalana. También al contrario: palabras de una deliciosa sonancia, de las que sustancian lo más dulce y sereno y apacible, que se embrutecen y afean si son reproducidas sin esmero, cosidas a otras con las que no congenian. Está el mundo de las palabras así de caprichoso para los que las amamos. Prefiero dejar mis excentricidades semánticas para los posts. Qué palabra más horrible. Post. De verdad que no es nada bonancible.

4 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

Post es una palabra horrorosa que nos regala, en ocasiones, la belleza de muchas otras palabras benditas. Abrazos

Carmen Cuesta dijo...

Post, sigo el hilo de Martínez Clares, es una palabra moderna que abre casas encantadas de belleza.

Antonio Luis Cárdenas dijo...

Bonancible me suena a bonanza apacible. El lenguaje es una maravilla, es un juego, y a veces las palabras nos invitan a destrozarlas, a fornicar con ellas, a darlas por ganadas y por perdidas. Y eso lo da esta página también.

Ramón Besonías Román dijo...

A Miguel Cobo seguro que se le hace la boca agua cuando oye bonancible. No tanto por la sonoridad, el fonema puro, cuanto por la resonancia marina que atesora.

A mí me trae -deformación profesional- un aliento moral, reflejo de una ausencia, deseo de lo posible. La serenidad es un milagro, una gracia, un tesoro en estos tiempos de furia y hierro.