26.3.13

Por la coyunda hacia el cielo




La moza Lisinda, la que a orillas del Duero iba a lavar la ropa y, siguiendo las enseñanzas del Buen Señor, mitigaba la sed del caballero que iba o volvía a su hacienda, no tenía ademanes rudos, no se hurgaba la nariz, no decía palabras inconvenientes, no exhibía la tosca compostura de otras mozas de su apaño. Era Lisinda cabal en su trabajo, correcta en el trato y prudente en las confianzas. El agua de su odre era famosa en la comarca y a ella acudían, menos por la sed que por la belleza rotunda de la moza, los viajeros fijos y los casuales, haciendo un alto en el que descansaba las bestias y se engolosinaba, entre buche y buche, el dormido ojo

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