13.3.13

Mi algoritmo


 
Hay algoritmos que dicen de mí lo que ni yo mismo sé. Están por ahí, a resguardo, mimados por una empresa a la que le intereso y de la que no sé absolutamente nada. No se trata de que uno tenga algo que esconder y le preocupe el hecho de haber sido vigilado, de que se haya rastreado el camino que ha ido recorriendo desde que abrió google hasta que cerró el explorador. Lo verdaderamente inaceptable es la normalidad con la que aceptamos que se vulnere nuestra intimidad. Lo doloroso es la posibilidad de que se violente el indesmayable derecho a la privacidad y que permitamos el registro, ese allanamiento al que le rebajamos la importancia. Algún precio ha de pagarse, dijéramos. De mí se posee la suficiente información como para catalogarme. Quizá quieran solo eso: estabularme. Saber de qué pie cojeo. No tener que venir a la puerta de casa y preguntarme si creo en Dios o si escucho blues cuando se me desangela el ánimo. A ese minucioso informe sobre mis desvelos contribuyo incluso yo mismo. No hay día en que no cuente algo. A diario, sin pudor, voy rindiendo a la estupenda concurrencia de este blog los vicios a los que se inclina mi espíritu. No sé a qué obedece esa vocación. No sabe uno casi nunca la razón por la que hace las cosas. Por eso quizá no le irrite que algunos (invisibles, jodiendo sin que les veamos) se obstinen en conocernos, en saber si preferimos que hoy gane el Milán o el Barcelona o si mañana nos va a traer al fresco que los cardenales elijan a un papa filipino o del Bronx. Es el peaje, me dice K. El tributo por hacer un clic en el Me gusta del Facebook y entrar todas las noches en una página de señoritas de costumbres disolutas.No importa que lo infame y lo inconveniente (quizá no en este orden) convivan con lo excelso y con lo cultivado. en alegre coyunda, izados en un vértigo binario, parranda de fieles y de impíos. Hay un prendimiento voluntario, un inmolarse digamos. Se adquiere la dimensión exacta de exvoto. No el único y ni siquiera el más incriminado. Mi algoritmo me explica más que yo. Por ahí anda, recopilando datos de mi particular via crucis, ejerciendo de biógrafo involuntario, contando al mundo (por si lo quiere oír) qué cosa soy y a qué se inclina mi azorada alma.

1 comentario:

Carmen dijo...

De ti sabrán lo que sabemos muchos. Que El Espejo de los Sueños es un blog estupendo, y que estás enamorado del cine, del jazz y de la poesía. Qué más sabrán? De verdad que no merece la pena ni pararse a pensar en todos esos Grandes Hermanos que vigilan sin que lo sepamos. Que no te precoupen a ti esas cosas, muchacho.