10.3.13

El demonio de las letras






Solo
Uno siempre tiene una visión contaminada de sí mismo. La malogra la experiencia, la travesía de los años, la irrefutable convicción de que no tenemos nada más a mano y de que muy difícilmente habrá algo a lo que amemos más salvo (estoy completamente seguro) a los hijos. Dicen que para amar a los demás hay que empezar por uno. No tengo en eso duda alguna. Me quise ya de pequeño y ahí ando, a la chita callando, concediéndome los placeres que puedo y cuidando de que nada malo ni nada de lo que pueda arrepentirme me pase. Discreto en ocasiones, nada o muy poco sutil la mayoría, me manejo estupendamente en el oficio de no aburrirme y abro y cierro puertas según me conduzcan o no a donde sé que me voy a encontrar el placer primario, la esencia del asombro, el disfrute de lo que me apasiona.

Fabulando
No sé si me conozco porque las cosas van cambiando y lo que ahora se ataja y se domina mañana es una sustancia huidiza a la que apenas sabemos dar nombre. A pesar de toda este lecho de fragilidad con el que sirvo mi persona sé bastante de mí y sé algo de los demás. La paradoja con la que me he levantado esta mañana es que no conozco casi nada al yo que escribe. Al que fabula. De ése no tengo información fiable. Incluso sospecho que es otro y que ahora mismo no tengo claro quién de los dos está a la vista. pero suele pasar que pierde mi parte rutinaria, la que va al pan y sale de paseo, la que se viste para ir al trabajo o guarda las cosas de la compra en la alacena. Gana el capitán Ahab a la caza de su bestia blanca. Gana el letraherido, el enviciado de historias, el que expresa su sencillo deseo de vivir de lo que escribe, aunque trabaje en lo que me gusta y de esa actividad pague los recibos habituales. La cabeza ociosa liba donde no debe. Hay en el mundo asuntos que requieren atención de la buena y no este precipitado casi libidinoso de mi intelecto, el que haya, vamos. Cuando el demonio no tiene nada que hacer con el rato mata moscas.


4 comentarios:

Joselu dijo...

Hay muchos días en que me salvo por la escritura, en ella reivindico el derecho a una doble vida, paralela, como dices, a la del señor maduro que va a comprar el pan y dicta sus clases con mayor o menor (esto la mayoría de las veces) éxito. Cuando escribo, y por ello puedo percibir bien lo que expresas, fabulo y doy forma a la fragilidad de otro mundo que me es próximo pero que no es exactamente el mío. Percibo claramente el placer que te produce la escritura. Tu blog no es mayoritario. Escribes para ti mismo y para unos pocos que te leemos con sumo interés, viendo en tus palabras esencialmente un estilo que resulta actual, contemporáneo, y es capaz de transmitir ideas complejas con una tersura que me cautiva. Me ha hecho gracia eso del "precipitado libidinoso" de tu intelecto. Exactamente eso es: pura libido, palabra llana y no esdrújula. Tus palabras son pura libido y sugerencia.

Carmen dijo...

Yo opino como Joselu. El blog de Emilio es un territorio privado. A unos cuantos amigos, a unos cuantos lectores casuales (yo soy casual) y a él mismo.
Un lugar absolutamente imprescindible para esos cuantos amigos y para los que, sin serlo, llegamos, leemos y nos vamos tan contentos...

Isabel Huete dijo...

Ya una vez se lo dije a una monja en el colegio cuando apenas tenía 10 años: quiero que sepa que no está castigando a Huete, sino a Isabel. Dos mundos en una sola cabeza: el osado y libertario y el reflexivo y protector. No descubriré cuál es cada uno. No vale la pena, cualquiera de los dos puede suplantar al otro en cualquier momento. Algún día, si me queda tiempo para cumplir mi sueño, escribiré un libro sobre eso. Gran entrada, Emilio.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Siempre agradezco tus comentarios, que no siempre respondo. Me está pasando algo que no debería, Joselu. Que escribo, precipitadamente a veces, y no caigo en la cuenta de que esto es un negocio a dos bandas. Una complicidad. Lo es. Escibir es darse. Oír lo que el otro siente en esa dación. Gracias por recordarme esas cosas, sin que haya sido tu pretensión (lo sé) hacerlo. El placer que me produce la escritura se parece a muy pocos. En su esencia, a ninguno. Un abrazo muy grande, amigo.

Gracias, Carmen. MUchas. Son muy amables y muy exageradas tus palabras. Es tu casa.

Somos muchos en uno, Isabel. Uno a casi cada cosa que hacemos. Se lo decía ayer a mis alumnos de Lengua. Somos lo que somos según quien esté enfrente, escuchándonos. Lo entendieron. Lo aplicaron.