3.2.13

San George Kaplan



Llevo años obsesionado con este fotograma (o con los que le preceden y los que le siguen) de la película Con la muerte en los talones de Alfred Hitchcock. Lo de las obsesiones es un asunto delicado, a poco que se piensan en detalle. La mía (como la de tantos) carece de un razonamiento que la justifique ante los demás. Ni siquiera yo mismo, puesto a contármela, concentrado en el asunto, interesado en conocer las causas de ese vicio, comprendo la devoción que le tengo. Cumple sobradamente lo que se le exige a una devoción para que lo sea salvo la acotación religiosa, aplicada a santos, mártires y otros prebostes de la mística. Obsesivo con mis cosas, distraigo la atención de las otras. Una a la que no he rebajado afectos es la de George Kaplan aka Roger O. Thornhill. Invariablemente acudo a él en momentos de zozobra. Pienso en su lúcida entereza ante la adversidad, en su buen humor, en su épica sencilla de hombre al que las circunstancias acorralan. Otros tendrán otros iconos en donde postrarse. Yo, a mi manera, pienso en Kaplan. Hoy mismo, volviendo a casa, observando desde el coche el campo de noche, he pensado en Kaplan. De verdad que me ha producido un alivio enorme recordar cómo se zafó del avión y burló a los malvados en el monte Rushmore. No sé si alguien me entiende. Ya digo que en este asunto de las obsesiones ( o de las devociones o de los vicios, en fin, en ese plan adictivo) no entro a razonar. En lo que no se razone se vive mejor.


7 comentarios:

F. Mayo dijo...

Te entiendo. Todos tenemos un Kaplan. Los vicios son, aparte de un tema "delicado", un tema muy serio. Vivimos por los vicios que tenemos, y se acabó. El amor es uno de los vicios más maravillosos. Inexplicable también. sin argumentos.
Un saludo nuevamente.

Ramón Besonías Román dijo...

Supongo, amigo Emilio, que lo mismo que te sucede a ti le sucedía a Hitch. En su caso, con las rubias. Lo tuyo son las avionetas y hombres trajeados corriendo a través de campos sembrados o carreteras desiertas. Algo tendrá el fotograma que subyuga la mirada y mantiene la devoción irracional. A mí las rubias nunca me inspiraron mucho morbo, o por lo menos no es precisamente el color del pelo donde uno recala su mirada. Para gustos los colores.

Tú mismo lo dejas claro como el agua clara. Las obsesiones son del número que cada cual calza. Faltaría más.

Francisco Machuca dijo...

Pues hoy quiero razonar,amigo.Mira,un detalle: la actriz que hace de madre (Jessie Royce-Landis) era más joven que Grant en la vida real, y muy pocos espectadores se dieron cuenta.Sigo:contra el telón de fondo lleno de ambigüedad moral y tensión a escala planetaria "Crisis en Oriente Medio", grita en un momento dado un vendedor de periódicos de Nueva York, el fundido-encadenado que realiza Hitchcock entre el edificio de las Naciones Unidas y la placa de bronce de la CIA resume a la perfección el cinismo en las relaciones internacionales que caracteriza a la época actual, y que quizá no debería tomarse a la ligera como hace Thornhill al principio de la película cuando, intentando rechazar las extrañas cosas que le están pasando, dice tranquilamente: "Todo esto es ridículo."
Cuando Cary Grant se pone el traje de ese hombre verdadero pero inexistente que es George Kaplan, se da cuenta de que le queda muy corto. La realidad, viene a decirnos Hitchcock, es siempre más pequeña que el arte.Sigo:que te entiendo Emilio.Vivo muy cerca del campo y los domingos suelen fumigar con una avioneta los campos.Enfermo de cine se dobla mi miedo.El primero:me creo también que soy Kaplan.El segundo:tengo la paranoia de la película La invasión de los ladrones de cuerpos.

Abrazos.

José Carlos dijo...

Me obsesiona Hithcock más que las rubias, aunque me gustan más las rubias, claro. Lo de los aviones en los campos... Pero sobre gustos... Lo dices bien y lo remata Ramón. De lo que si me han dado ganas -- y muchas -- es de volver a ver algo del maestro, ahora que lo han puesto de moda en el cine.


JazzC dijo...

Entiendo lo que dices pues en muchas ocasiones me pregunto, el motivo de comprar tantos CD si tengo un buen número por escuchar (podría poner una tienda de discos con los que tengo por abrir), o de la extraña y poderosa razón (sin sentido... por supueto) de comprar más libros de los uno puedo leer en la vida; pero que sigo comprando, todo y perjurar que me controlaré. Dichos vicios, pasiones o como se le quiera llamar. Me reconforta saber que en el mundo exterior hay gente que le pasa lo mismo que a mi, y eso me hace sentir no tan sólo en las pasiones descontroladas y a veces con nulo sentido.
Saludos.

José Luis Martínez Clares dijo...

Kaplan no es nadie pero somos todos. Por eso te entiendo. Un abrazo

José María Monje dijo...

Hay Kaplans a diestro y sobre todo a siniestro. Kaplans oscuros, por supuesto. Bárcenas, que es el Kaplan de moda, a desgracia del verdadero, que era un tipo singular, admirable en su invisiblidad y en su secreto.
Me cansa ya tanta artimaña para timar y para lucrarse, pero no pienso continuar por ese tema.
Decir aquí que me gusta mucho la forma que tienes de escribir. Ya veo, por comentarios, que no soy el único que piensa de esa fmanera.