11.2.13

Carver, ayúdame



Entra en lo posible que uno mire la realidad cinematográficamente cuando casi nunca miramos el cine desde la óptica de la realidad. En esto siempre acudimos a la antigua conversación sobre los dominios de la ficción y siempre confirmamos la injerencia de lo fabulado sobre lo real sin que ninguna de esas dos entidades posea privilegios de los que la otra carezca. El motel de carretera de la fotografía, al parecer sito en Carolina del Norte, es el mismo motel de carretera de cientos de películas y probablemente engrose unos pocos más de cientos en la historia. Pienso en Carver y en Hopper y en James Cagney y no tengo argumentos fiables para justificar estos tres prebostes de la cultura yankee. Sé, no obstante, que ejerce un hechizo difícilmente sobornable. A diferencia de los cuadros de Hopper que me gustan, aquí no hay personajes vacíos, infatigablemente solos, bebiendo, perdidos en alguna ensoñación, especulando sobre qué giro debiera dar el destino que les salve del caos al que han arrojado sus vidas. Todo eso está en los cuadros de Hopper y de alguna forma, solapadamente, está también en esta fotografía inflamada de tópicos, pero poética (a mi modo de ver la poesía) al modo en que hay lirismo en un cuadro de Sorolla o en excursión a pie por la montaña. Soy un depredador de imágenes y son éstas las que devoro con mayor fruición: me conducen a la ficción pura, me incitan a fabular, me convierten en un demiurgo de mis vicios, me facultan (para bien o para mal) en el antiguo oficio de inventar o de mentir.

Hay mucho que inventar viendo esta fotografía: en una de esas habitaciones se estará cometiendo un crimen, un rufián sacrificable estará contando el botín de algún asalto menor o una pelandusca con ínfulas de actriz será la felatriz incansable del típico viajante. El cine abastece de recursos narrativos y la imaginación completa el discurrir mental de todos esos fotogramas falsos. La realidad es también un fotograma hilvanado a otro y así hasta construir un rollo continuo. La vida es cine negro de muy alta calidad. Como el metraje es tan largo, el guionista intercala melodrama, pasajes románticos, escenas lúbricas, trozos de musical y hasta comedia barata. Hay quien vivie en serie B y quien conduce sus días y sus noches en clave Bergman, en modo adusto y estricto. Hay quien se enfanga en tramas tarantinianas y termina en un callejón con un par de cuchilladas en el estómago y quien se muere sin sobresaltos como si fuese un personaje de una película del Ivory más victoriano. Quien espera que llegue el amor y confía en que alguien asome antes de que los títulos de crédito inunden la pantalla. Quien confía en que Dios le restituya en las alturas la grandeza sacrificada aquí abajo. Y la fotografía del motel en Carolina del Norte, en la América más o menos profunda que nos venden y que compramos, exhibe su querencia al desatino narrativo, al festín de las palabras. Está pidiendo a gritos que alguien le escriba un cuento. Carver, ayúdame. Yo creo en ti.

5 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Cine, cine, cine... En muchas de las películas que he visto, de la rama americana noble, me he sentido como en casa en estos moteles de secundaria, en la ruta 66, en cientos de historias de GRAN cine negro, así que es cierto lo que cuentas, Emilio, eso que hay mucho que inventar viendo esta fotografía. Los que manejáis la pluma como tú tenéis que hacerlo para los que solo sabemos leer podamos disfrutar. Yo, el que leo; tú, el que escrfibes. Así que... pide ayuda a Don Raimundo o al Espíritu de las Letras Libres, pero estaría bien que te dejases caer con el cuento y no esperas a que otro lo escriba por ti. Y sin nada que añadir, siendo las 8 y 19, a punto de empezar la jornada laboral, pensando en los moteles, en el cine, en las historias maravillosas de la ficción, se despide bla bla bla...
Un abrazo, compañero...
R.

Conrado Aragón dijo...

Un flash. Daría una parte de mi vida por estar en ese motel. Grande, el post.

Francisco Machuca dijo...

Yo también creo en Carver,amigo,tanto como en Cheever.Y yo te recomiendo a otro que es muy de fiar,el magnífico escritor Sam Shepard,responsable de la historia París Texas.Gran cronista de la América más desolada y profunda, ese país de cowboys inquietos e inquietantes, de hamburgueserías y gasolineras en medio de la nada, una América que es un puro paisaje fronterizo,más allá del cual no hay adónde ir, o adónde huir porque nunca se pararon a ver los cuadros de Hopper con esos personajes estáticos que miran hacia un lugar que el pintor no nos quiere enseñar,quizá porque la nada es difícil de ponerle un color.

Fuerte abrazo y genial como siempre.

alex dijo...

La vida se podría fragmentar en cuadros de motel. Los cuadros escasos de imaginación y calado podrían contar miles de historias ocurridas ante sus ojos. Lo más nauseabundo, lo más tierno, lo más vil y lo más valeroso, lo importante ocurre cuando estamos más indefensos y más lejos de casa.

Carver sigue siendo una asignatura pendiente para mí que debo enmendar. Nadie como él, me cuentan y me cuentas, ha sabido captar la esencia del modo de vida americano me dicen para convencerme de que debo abrir las páginas de sus libros. En primavera lo haré. Seguro...