19.1.13

Me engañan

Hay algunas mentiras que no me importan que lo sean y hay algunas verdades que uno preferiría no creer. En la ficción se vive mejor. En cuanto me falta, me muero. No es la muerte irremediable, la atroz sin retorno, sino una de menor fuste dramático, una muerte de la imaginación narrativa, esa que solo desea que le cuenten historias. Mi cabeza entera las pide a gritos. No sabría vivir sin la ración diaria de mentiras habituales. La verdad, cuando es aburrida, no me interesa. La acepto porque no hay forma de eliminarla o porque hay algunos que se obstinan en defenderla. Soy el que le pierde saber cómo sigue la historia. Incluso cuando ha acabado, soy de los que creen que me están mintiendo. Que hay más. Que, por mi bien, me ocultan la información primordial. Que me quieren al punto de que me engañan.

4 comentarios:

Isabel Huete dijo...

Nos engañan, sí, y eso da vidilla a nuestra mente. Lo peor del engaño son las palabras del engaño; hay que saber no solo engañar sino también explicarlo, o callarse. Hasta para mentir hay que haber leído un poco.

José Luis Martínez Clares dijo...

No hay quien quiera escapar de mentiras como ésta. Abrazos

Juan Herrezuelo dijo...

Y produce escalofríos tratar de imaginarse hasta dónde llega tan caritativo engaño.

Joselu dijo...

En la buena literatura es mucho más importante lo que se oculta que lo que se muestra. Esa parte no tiene por qué ser explicada, ni revelada. Es el lector quien la descubre y le da entidad en su lectura íntima e intransferible. El buen escritor sabe ocultar, y son los escritores menos dotados quienes tienden a mostrar todo como si el lector fuera incapaz de completar la obra. Ahora estoy releyendo Tormento de Galdós y mi lectura disfruta con fruición contemplando el mundo oculto de Amparo (Tormento) y sus motivaciones no expresadas que solo nosotros podemos descubrir. Galdós es lo suficientemente hábil como para mostrarnos solo algunas cartas del juego narrativo.