18.12.12

Días de Bacon






Título: Retrato del Papa Inocencio X.

Autor: Diego de Silva y Velázquez (Español. n. Sevilla, 1590; m. Madrid, 1660).

Fecha de composición: 1650.
Dimensiones: 139 x 115 cm.
Lugar de Residencia: Galleria Doria-Pamphili, Roma.





Título: Estudio siguiendo el Retrato del Papa Inocencio X, de Velázquez.
Autor: Francis Bacon (Inglés. n. Dublín, 1909; m. Madrid, 1992).
Fecha de composición: 1953.
Dimensiones: 153 x 118 cm.
Lugar de Residencia: Des Moines Art Center, Iowa.


Apropiarse del objeto y transgredirlo, pero primero hay que amarlo y, antes de que se produzca el amor, hay que temerlo, aceptar que debajo del lienzo, a la vez que los colores y las formas, al tiempo que las texturas y la tensión narrativa, existe algo que afuera, en ocasiones, no se encuentra con facilidad: vida. A Bacon no le interesa la evidencia visible, el cuadro que cualquier pueda observar y del que extraer algo perdurable o irrelevante. Lo que hace es violentarlo, descomponerlo al modo en que el aire desbarata la belleza de una manzana cuando se la ha expuesto en demasía a la intemperie. Bacon se apropia del cuadro, lo transgrede, lo violenta, lo pudre y lo convierte en otra cosa, radicalmente distinta de la que parte, pero con la que comparte más de lo que en apariencia percibimos. Está el Papa Inocencio X, que recuerda una barbaridad al gran actor Gene Hackman, al que Velázquez no suaviza los rasgos y está la autoridad moral que representa, toda la pompa y la terrible circunstancia de los prelados en los tiempos oscuros (todos lo son, de un modo u otro). Malraux dejó escrito que todo hombre se parece a su dolor. El refranero popular sostiene que la cara es el espejo del alma. La vida de la que se alimenta el artista declina morosamente en muerte. Estamos en lo de siempre: el mal es el argumento. El bien solo ofrece un amago de verdad. Lo que mueve el sol y las estrellas, como quería Dante, no es el amor, sino su reverso.

Anoche, al encontrar de repente, enfrentadas, las dos caras del Papa, pensé en que el alma, por dentro, debe ser tóxica por naturaleza. Pensé en el Dorian Grey de Oscar Wilde y en los años, que no perdonan, estropeando hasta límites insoportables la cara de Iggy Pop. Incluso me acordé de Angel Cristo, al que vi en la cafetería del Carrefour, en Lucena, poco antes de que muriera, bebiendo un café en vaso largo, desganado, mal apoyado sobre una barra que le venía grande, mirando sin mirar, buscando la aprobación o la reprobación popular. Tenía la cara del Papa Inocencio X sin el estrago de la metafísica. Yo mismo, mirándome hoy al espejo, apreciando la barba blanca y los ojos con bolsas, meditando sobre el carpe diem y el peso terrible de un lunes previsiblemente agotador, agradecí no tener que posar para ningún Bacon. No quiere uno verse por dentro. Hay días en los que uno desea no saber casi nada de lo que hay por ahí adentro. Sin razones. Instintivamente. Días de Bacon.

5 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

Si lo que hay por dentro se parece a lo que nos has mostrado, es bastante interesante. Y, además, emociona. Abrazos

José Núñez de Cela dijo...

Son muchos, ya, los dias en que uno no desea saber lo que hay dentro. Pena (y esperanza)que lo de fuera aún sea peor.

Excelente entrada y blog. Enhorabuena y un saludo.

Isabel Huete dijo...

La mirada endemoniada del cuadro de Velazquez trasmuta en demonio en Bacon. Bacon pintó lo que veía detrás de ella.

Lourdes Azpeitia dijo...

Es el alma la que nos dibuja el rostro, dicho de contrario modo, Emilio. El alma es el pincel que nos va haciendo los pliegues. El verbo curtir es fantástico porque el alma, el alma nos curte. Extroardinaria entrada.

Mi incultura pictórica hacía que no supiuese qui´en era Bacon, pero ya voy entrando en materia.

Miguel Cruz dijo...

El diablo ha venido en doble formato y me asusta más el cuadro de Velázquez