10.11.12

Once historias del frío / Revisadas, ampliadas


1 The Tolstoi Experience
En la literatura rusa de los trenes que descarrilan en el invierno y las penurias de los escritores jóvenes a los que hieren el amor y los naipes es en donde hace frío de verdad. Uno coge al azar uno de esos libros maravillosos, tachonados de las ricas peripecias que sufre el alma, y se le hielan las manos. Con solo leer el título se aprecia el frío escalando la espalda como una lagartija salvaje, la noche tutelando una intriga a lo Pasternak.

2 Fellowship
Igual que los ríos van a parar a la mar que es el morir, el frío carece de trayectoria, el frío prescinde del volumen. El frío es un invento de los poetas románticos o un capricho de algún dios caprichoso y rudimentario, confinado a su retiro maximalista, impartiendo su cátedra homicida, su cuchillo de palabra. El frío es un recurso literario.

3 Una república de lobos
El frío sucede siempre en el interior. Existe porque desciendo a mi adentro y me encuentro solo. El frío es una república de lobos. Mi palabra es una bandera sin público. Soy un espectador de mi propio delirio.

4 El poeta siberiano
Cae la tarde sobre Lucena y pienso en Napoleón invadiendo la estepa rusa. Sumergí mi corazón en una solución poética y vi escorpiones de luz abrirse paso a través de la sangre. Es la hora más extraña del día. Cae la tarde con el pasmo de los hipopótamos cuando se sienten solos en el mundo y buscan la sombra para soñar una eternidad de barro lúcido y de sol como espuma. El frío hace que me sienta hospitalario con mi rareza. Soy un criatura del frío. Me acomodo en su lengua de fiebre y busco en la memoria las palabras que me consuelen. En todo caso, soy de los que encuentran en el frío endecasílabos escondidos, tramas tapadas por otras tramas, una especie de palimpsesto térmico.

5 Moby yo
Siento ásperas las manos y un arpón me ocupa el pecho. Tengo fiebre y me duele el frío que ahora mismo está galopando el mundo. Dejadme contemplar el mar antes de que termine la novela.


6 Metafísica

Es posible que Dios, allá en su unidad indivisible y enciclopédica, hiciera el frío en un mal día. No hay razón que lo explique. No tenemos quien venga y nos lo razone con palabras justas y con argumentos serenos. El frío es una de esas cosas que Dios pudo habernos ahorrado. En lugar del frío, Dios pudo haber pensando en estaciones eternamente disfrutables, en el edén en el que algunos sitúan el idilio del hombre consigo mismo y con sus mitos. Pero Dios no ha estado al raso porque en su naturaleza no existe la conmoción molecular ni la sed yendo y viniendo por la boca. De Dios sabemos estas cosas y hay más de lo que sabemos absolutamente nada. El frío fue un mal día, un accidente en su bosquejo del mundo, un sincero atropello al confort de sus criaturas en la bendita tierra. Salgamos hoy a la calle, miremos al infinito azul del cielo y hablemos a Dios con desparpajo: teniendo tanto tiempo, cómo pudiste hacer las cosas tan rápido. Pero es bueno saber que no habrá respuesta. Y es mejor que no la haya. Se empozoña la fe si se observa en detalle su condición de magia.
No hay dios ni reino de los cielos sin el frío en el fondo del alma como un cuchillo.


7 Los guardines y el frío

Velar porque el frío persista. Saber del frío y de la música con la que contribuye al orden del cosmos. El cielo se desploma con dulzura de parto. El lobo no sabe que es lobo. La luna que es luna. Pero el frío se obstina en ser frío y se reproduce con impredecible fiereza por las avenidas de la noche. Se gusta en su papel estelar de dios invisible. Los diioses subalternos como la lluvia o el frío penetrando el hueso del hombre. Invadiendo la parte dura del hombre blando que sigue en pie, asombrado, feligrés de su ignorancia.



8 CSKA de Moscú

El frío es Marcelo atropellando a zancadas la banda izquierda de un estadio ruso en un miércoles de champions league de hace un par de años. Mi hijo, embutido en su batín de casa, arrebujadito en el sillón de orejas, comido de padre y de brasero, me lo dijo sin titubeos: cómo pueden corrar sin que se les paren las piernas.



9 The Mahler Experience

Adoro el frío victoriano. Su planta alta de anaqueles invadidos de tragedias griegas y de retórica frívola. Su fuego degollando el aire. Su whisky de malta historiado en la mano izquierda mientras la derecha acaricia el pelo dócil de un golden retriever. Afuera la vida es un enigma insoportable y yo desmadejo alejandrinos mientras la filarmónica de berlin ataca el cuarto movimiento de la sinfonía número cinco en do sostenido de Gustav Mahler. 



10 Un libro en una estación de tren
He sido feliz en una estación de tren con un libro en la mano. Los libros, en las estaciones de tren, leídos con un ojo en el andén y otro en el reloj son prodigios al modo en que no lo son en ningún otro lado. Quizá en la cama, en el limbo que precede al sueño. Los sueños son libros también. Nosotros somos la estación de tren. 


11  Hometown
Hay veces en que la ciudad es el frío que te proporciona, la sensación inestimable de ocupar un espacio entre los espacios, de saberse cómplice de una trama invisible en la que nadie conoce el autor y de la que el frío, de nocOhe, en las calles, volviendo a casa después de un día duro e infinito, es uno de los ingredientes capitales. Entonces acomodarse en la mesa camilla, arrebujar el cuerpo en el sillón favorito, abrir el libro y perderse en las afueras. 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo he sido feliz en muchas estaciones y he leído mucha literatura rusa, o sea que estoy en la gloria leyendo de loq ue me gusta-

Reconocimiento.

Andrés Muñoz Camacho

Anónimo dijo...

Qué frío más bueno tengo.

Ana

Isabel Huete dijo...

Esos frío dan mucho placer.

Rafael Roldán dijo...

El frío es una lumbre (una estufa en nuestros tiempos), un sillón, un libro y una música que suena. Vaho en los cristales, frío silencio y fría soledad. El frío es doblarse sobre uno mismo y mirar en lo profundo del alma.
Amo el frío.

Megrez dijo...

No sé cómo lo consigues. Justo dos minutos antes de mi entrada estaba maldiciendo al clima y ahora me apetece ponerme una trenca y buscar el humo de los vendedores de castañas.

Excelente (como siempre). Un saludo, Emilio

José LÑuis Benítez dijo...

Mi primera dificultad ha sido siempre la del texto que no me ofrecía un sentido racional de las cosas. No soy por supuesto un lector de poesía y la prosa a la que me arrimo es prosa científica o ensayo. Mi oficio, químico ya en excedencia, igual me influyó. He sido un voraz lector de Historia, en cambio. Me agradan las biografías. Rehuyo la narrativa de ficción, pero admito que he disfrutado mucho, mucho, leyendo a Delibes o a uno de mis favoritos, Gabriel García Márquez. Cien años de soledad es una maravilla. Pero la poesía no me entra, Emilio. Y este texto, que he leido un par de veces seguidas, es poesía en estado puro. No sé qué pensar. Y me agrada ese NO SABER QUÉ PENSAR. ¿Algún poeta recomendable? No pasé de Machado, en timepos mozos. No me gusta Lorca, que me resulta infantil, irritante a veces.
Un saludo.