9.11.12

Evergreen

Hay vidas improbables que le tocan a uno en suerte.
O es una sola vida y su vértigo la multiplica.
Duele siempre su conclusión, la noticia del cese,
la evidencia notarial del acta que rigurosamente consigna
la ebriedad de los días, ese dulzor en los labios
que nos escolta, ufanos y líricos, al sueño.

3 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Sí, es una vida improbable la que a uno le toca en suerte:
"Lo siento hermano, de nada te sirvió llegar 2º en esta carrera de millones de espermatozoides"

José Luis Martínez Clares dijo...

Es esa nuestra vida, y no otra. Abrazos

Francisco Machuca dijo...

Me ha hecho mucha gracia lo que dice el amigo Miguel Cobo y tiene razón.Mira,os cuento:

Su útero era como un vaso modernista de cristal y tenía el cuello largo con adornos de plata helada que la sangre golpeaba. A su vez la simiente del novio esta compuesta por veinte millones de espermatozoides de color rosa, verde y azul. Ambos acababan de hacer el amor a media tarde, pero ella no había sido aún fecundada. Cuando se levantó de la cama esta chica se fue a la calle llevando en el vientre varias costelaciones de células masculinas que pugnaban entre sí con la cabeza por alcanzar un ovario. Todas se hallaban ahora en la línea de partida con idénticas posibilidades de éxito, aunque al final solo la más brava saldría victoriosa. Aquella simple eyaculación habría bastado para poblar un extenso país si cada espermatizoido hubiera conquistado un óvulo dorado donde anidar. En el laberinto de carne, peleando duramente por existir, la muchacha transportaba futuros obispos y proxenetas, coroneles, obreros y científicos, una cantidad algebraica de asesinos, artistas, capaces y mucha morralla de uno y otro género, proyectos o larvas de todos los ejemplares humanos que constituyen la sociedad. La fecundación se realizó en le crepústulo, mientras la chica tomaba un refresco de menta en el bar. Aquel espermatozoide se había comportado con suma fiereza durante la escalada y en ese instante se encontraba ya arrastrando a un óvulo por el cuello del útero con ribetes de plata, y al caer unidos en el fondo del vaso sonó una nota melódica de Scarlatti. El óvulo de oro y el espermatozoide azul bailaban y sus pasos de minué arrancaban de las paredes del recipiente modernista notas purísimas de clavecín.Todo hacía presagiar que esa hermosa danza engendraría a un ser lleno de fuerza o belleza.Nueve meses después nació un niño que con el tiempo llegaría a doctorarse de peón de albañil.En vida fue siempre un pobre subordinado.Nadie lo hubiera dicho,ya que en la concepción libró una brillante batalla contra veinte millones de adversarios.Salió triunfador y no le sirvió de nada.

Amigo es el comentario más largo que he escrito nunca.Si quieres le puedes poner el titulo de Sperman.
Salud y abrazos.