25.10.12

Maximizando la audencia




En cierto modo fui educado con este disco. A la luz de ese disco, conformado a su esencia, andando yo por los veinte, crecí y me relacioné con los demás. Escuchado hoy, contemplado veinticinco años después, entiendo que así fuese. No sé qué mal alivió o cuál cura ahora. Maximizing the audience es una obra terapéutica, un bálsamo, un refugio, uno de esos discos medicinales que uno se pone en el cielo de la boca y va masticando, en la creencia de que algo hermoso subsistirá en el deglutido, de que la belleza extraña que tutela invadirá la pequeña tristeza con la que se consume. No hay nada fiable a lo que encomendarse en él. Seduce porque de alguna forma te anula como oyente. Jamás una música de apariencia tan fría alcanza un rango de calidez tan alto.

Pienso ahora en el imborrable Ramón Trecet, que puso en órbita a este caballero en España. Pienso en mi amigo Safo, en cómo circulaban los discos de Mertens de su casa a la mía, en cómo adorábamos la irreprimible sensación de lujuria sonora de esas melodías atípicas. Pienso en todo lo que sucedió entonces y en lo que está sucediendo ahora. Mertens sigue publicando a tutiplén. No veo al Safo. Trecet no sé dónde anda. Menos mal que tengo el disco del amigo Wim en tres -cada uno a su modo- lujuriosos formatos. La primigenia cinta de cassette, el vinilo y el CD escoltan el minimalismo, maximizado, lo conservan a refugio de mí mismo incluso.

Piensa uno en todos esos libros y en esos discos a salvo del tiempo, ambarizados, alojados en un limbo precioso de objetos perfectos. Todos tenemos alguno, algunos tenemos cientos. Los míos son invariablemente libros, películas, discos o fotografías. Todos exhiben la rara perfección de mis vicios. A todos les encomiendo la posibilidad de que mi alma se salve del horror que la circunda. ahora. Porque mientras la justicia entalega a Rodrigo Rato, yo me sirvo una ración doble de Mertens. Hay que tener la conciencia tranquila para paladear esta ofrenda. Se tiene que tener el corazón muy puro para meterse dentro de la música. Y a veces se da ese placer, entra uno, penetra bien adentro, empuja y acaba colmado y colmando.

1 comentario:

JazzC dijo...

Bendita música la de Mertens que en su día descubrí en el programa de Ramón Trecet "Diálogos 3" y del cual tengo un centenar de cintas en cassete grabadas por mi y que escucho en una estupenda platina para cintas. Esas cintas están plagas de grabaciones de Mertens, pero así mismo, de infinidad de músicos que con el tiempo se han convertido en el acervo musical con el que he crecido.