28.10.12

Cioran en las catedrales / El paseo de los tristes



Sin Bach, la teología carecería de objeto, la Creación seria ficticia, la nada perentoria. Si alguien debe todo a Bach es sin duda Dios.

Sin Bach, Dios quedaría disminuido. Sin Bach, Dios sería un tipo de tercer orden. Bach es la única cosa que te da la impresión de que el universo no es un fracaso. Todo en él es profundo, real, sin teatro. Después de Bach, Liszt resulta insoportable. Si existe un absoluto, es Bach. No se puede tener ese sentimiento con una obra literaria, hay textos, pero no son formidables. El sonido lo es todo. Bach da un sentido a la religión. Bach compromete la idea de la nada en el otro mundo. Cuando escuchamos su llamada, no todo es ilusión, pero Bach es el único que lo hace. Fue un hombre mediocre en su vida. Sin Bach, yo sería un nihilista absoluto

¡Ojalá Dios hubiese hecho este mundo tan perfecto como Bach lo hizo divino!

Cuando escuchamos a Bach, vemos germinar a Dios. Su obra es generadora de divinidad

Tras un oratorio, una cantata o una “Pasión”, Él tiene que existir. De lo contrario toda la obra del Cantor sería una ilusión desgarradora

          E.M.Cioran


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De Cioran se extraen casi siempre enseñanzas trágicas. Un tipo curioso, Cioran. Un filonazi en sus inicios rumanos, un nihilista puro, un místico inverso, carente de religiosidad, pero (como Borges) lampando por tenerla, amante sin reservas de Bach, de Brahms y de Beethoven, al que consideraba menos puro. Cioran fue, en cierto modo, una excentricidad en el pensamiento filosófico. Podía haber sido uno de esos charlatanes de tertulia radiofónica, sólidamente pertrechado de argumentos, exquisito en el manejo de la sintaxis y de las palabras, pero desquiciado, capaz (como el gran Arrabal) de exhibir el lado anómalo, la parte triste, toda esa evidencia de que el mundo es un lugar terrible y que a él le tocado lidiar con su significado. A veces es mejor no saber qué es el universo, ignorar a Dios, no poner en la vida un disco de Bach. Cioran abrazó el vacío, se miró en el vacío, encontró luz en el cimbreo óptico y acústico de la nada, se quiso a sí mismo pasajero de un silencio majestuoso, pero un vacío escandaloso, una luz cegadora, un silencio atropellado de ruido. Ese es el gran problema de su vida y el gran hallazgo de su pensamiento. He ahí la tragedia, la enseñanza extraída. La de un escritor que hubiese deseado, según formuló muchas veces, no escribir, no dejar registrada la tragedia, el sentido de las cosas, el peso del mundo, el dolor de su alma. Dejó anotado: creo en la salvación de la humanidad, en el porvenir del cianuro. Era un descreído al que le molestaba que le hubiesen arrojado a este mundo sin informarle de lo mal construído que estaba. Por eso pensaba constantemente en Dios, en el Creador antojadizo, en el Constructor. Por eso encontró en la música, en Bach sobre todo, un bálsamo, una idea repentina y maravillosa de Dios que prescindía del lenguaje boscoso de los hombres, hecho de palabras falibles, y se abrazaba al inefable universo de los sonidos, de las notas que expresan un mundo en sí mismas.

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El pesimista Cioran encuentra en Bach la mano por la que circular por el mundo. Con Bach transita los meandros, hace la travesía más placenteramente y, en última instancia, convoca en torno a su periplo la gracia de la divinidad, esa lucidez divina de entender el mecanismo de las cosas, de imaginar arriba a Dios velando por el correcto engranaje de las piezas, ocupándose de sus desamparadas criaturas. La criatura llamada Cioran me ha dado esta mañana una pena hondísima. Youtube: He puesto a Bach, las variaciones Goldberg, tocadas por segunda vez por el fantasma Gould, en otro ordenador, mientras escribo esto. Suena en una lejanía que me inspira de algún modo. Pienso en Cioran (y también en Canetti, curiosamente) y en Bach y en cómo se entendieron. Dos mediocres en la vida doméstica, en el hecho de vivir y de salir a los parques y de charlar con los amigos en las calles, y dos genios absolutos en lo suyo. El paseo de los tristes. K. me informa que Bach, en su quehacer de padre numeroso, en su ghetto polifónico fue un hombre equilibrado en todo. No sufrió los desórdenes que con frecuencia se relacionan con los grandes genios. Quizá por eso se hable en exclusiva de su obra, la magna y la imperecedera. Cioran, el descreído, disfrutaría escuchando música sacra en las catedrales. Para ser un teólogo, como escribió Borges, a quien adoraba, no es imprescindible la fe. 




10 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Descubrí a Cioran hace muchos años por puro azar.Estaba en una librería y vi un libro que me llamó la atención su título:Breviaro de podredumbre.Era una edición de bolsillo.Lo compré y me lo leí en una noche de insomnio,ese insomnio tan de Cioran.Después me hice con toda su obra que por suerte está traducida al español por completo.Maestro del aforismo.Me gusta citarle en momentos de reunión contaminada de tópicos.A mí me gusta mucho esta que sigue: "El gorila es un mamífero triste.Desciendo de su mirada." Cioran era provocador y también divertido,su humor negro era de una alegría feroz.Yo te recomiendo (si no lo has leído)el libro Conversaciones,es maravilloso.Todo un recorrido por su vida.Niño salvaje que merodeaba por los bosques de Rasinari,su pueblo natal en Trasilvania,y,el desgarró que supuso cuando le llevaron a la escuela.Magnífica la parte que explica cuando fue a vivir a París que se la recorrió entera subino en bicicleta.Yo he imaginado miles y miles de veces escribir un guión cinematográfico sobre esta historia.¿Te la puedes imaginar? Maravillosa.Paisajes,carreteras de pueblos,un hombre solo,una bicicleta,observaciones objetivas,un cigarrillo sobre una piedra saliente en una encrucijada...

Un fuerte abrazo

Anónimo dijo...

Sin sufrir desórdenes, no hay genio.

Pedro Alcántara

Miguel Cobo dijo...

Sigo la estela de Francisco Machuca y añado esta cita (tan existencial) del Breviario de la Podredumbre:

" Me seducen las distancias lejanas, el inmenso vacío que proyecto sobre el mundo. Crece en mí una sensación de vaciedad; se infiltra en mi cuerpo como un fluido ligero e impalpable. En su avance, como una dilación hasta el infinito, siento la presencia misteriosa de los sentimientos más contradictorios que ha acogido jamás el alma humana. Soy feliz e infeliz a la vez. Estoy exaltado y deprimido, desbordado por el placer y la desesperación en la más contradictoria de las armonías. Estoy tan alegre y tan triste que en mis lágrimas se reflejan el cielo y la tierra al mismo tiempo. Aunque sea solamente por la alegría de mi tristeza, querría que no hubiera más muerte en esta Tierra. "

Un abazo, mon ami.

L.N.J dijo...

Bach, otro Dios casi humano. Genial, la entrada.

Saludos.

L.N.J. dijo...

Y gracias.

José Puerto dijo...

Hola Emilio, disculpa que no me asome por aquí más de vez en cuando. Me descubres a un buscador despechado con la divinidad (luego creyente), que no conocía, pero es más que genial la cita de Bach. La música y las artes en general desde luego que pueden llevarnos a la divinidad, porque brotaron de la chispa divina de un artista de verdad... Y Bach es mucho Bach... Me pica la curiosidad de leer a Cioran, pero amigo, tengo tan poco tiempo de leer como de escribir. Un abrazo.

José Luis Martínez Clares dijo...

Gracias a Cioran sé que el gorila es un animal melancólico y que yo -como tantos otros- desciendo de su mirada. Abrazos

Anónimo dijo...

El mono triste, José Luis. Somos animales en todo, Emilio. En los usos y en los gestos. Nos salva de la animalidad la creencia en Dios, en que hay un mundo después de este. No sé Darwin qué pensaría de todo esto. Yo en particular desciendo de mis padres y no llego o no quiero llegar a una antigüedad lejanísima. Estaría muy feo, muy perdido, muy básico.

Me encanta el blog a pesar de que no me guste Cioran.

Juan Oteros

JazzC dijo...

Excelente entrada. Me he puesto para saborear y poder disfrutar de la entrada, la versión en CD de las Variaciones Golberg de 1955 de uno de mis pianistas favoritos, Glenn Gould. Música celestial.
Gracias por el texto de Cioran que no conocía.
Saludo.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Menos mal que pensé en Cioran. De todo lo que pasa en este campo de letras lo mejor es este abrevadero de comentarios. Abrevo yo, golosamente, me siento muy arropado con vuestros textos. Falta que los hablemos, en lugar de escribirlos. Ojalá fuese posible.