10.6.12

Trabajo para Dino


Yo siempre he querido ser Frank Sinatra y tener un amigo como Dino. Dino es Dean Martin, un ser atormentado y frágil que vencía el tormento y la debilidad con generosas ingestas de bourbon. Y no conozco forma mejor de tomar una hamburguesa, no siendo muy de hamburguesas, que ésta, presentada formalmente por el propio Sinatra.

Paso uno: llamar a Dino. Dos: decirle que te haga una jodida hamburguesa. Tres: Beberse su bourbon. Me quedo con el éter de Kentucky, con el acaramelado y limpio olor del maíz y de la cebada, envejecido en una buena barrica de roble quemado, que luego se venderá para los whiskies de malta escoceses, servido en un vaso ancho que airee bien la presencia de las maderas y de las resinas. No siendo hoy un día especialmente festivo, a pesar de que Nadal pise las pistas de Roland Garros por séptima vez o que Alonso corra a bordo de su Ferrari o que España juegue contra Italia en no sé dónde (no me entran esos nombres polacos, lo siento) creo que voy a celebrar el domingo intervencionista de Bruselas con un buen Jack Daniel's. Omito la carne de vacuno, los aros de cebolla, el tomate laminado, las hojas de lechuga y el pan redondo y esponjosito. Incluso omito llamar a Dean, que no va a poder venir. Añadiré al festejo privado unas cuantas piezas de Frank. No sé: Fly me to the moon, Cheek to cheek, Night and day, The way you look tonight. Y brindaré por los buenos tiempos. Siempre están ahí, aunque a veces se noten poco.

Ah, dentro de media hora parece ser que habla Rajoy urbi et orbi. Guardaré el asunto de Kentucky para después del almuerzo. Hay que reconocer que el buen bourbon favorece las digestiones pacíficas.

Última nota: dedico graciosamente este arrebatador escrito de vocación etílica a mis amigos Miguel Cobo y Juan Herrezuelo. Sé que son los dos muy de Sinatra. Con uno he tomado cerveza y boquerones, golosamente. No le he oído nada sobre el bourbon. Del otro, ya habrá tiempo de ir entrando en esos campos del alma apetente. No tengo duda. Abrazo grande a los dos.

7 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

Tu plan es ya el mío. Sin Sinatra. Estoy fuera y no viene conmigo en el "lápiz", pero podemos tararearlo, mientras Rajoy, solemne, nos desea otros 50 años de paz.
Por cierto, tú, Miguel y Juan también podríoais prender fuego a Las Vegas, con otro estilo, con renovadas intenciones, pero con el talento heredado de Sinatra, Martin y los suyos. Brindo por vosotros, por Nadal, Alonso y los once tipos que hoy empiezan a reescribir nuestras conversaciones.
Abrazos

Anónimo dijo...

Yo soy de muchas cosas, que un día las escribiré en un papel y lo guardaré, pero soy más de lo que no soy. No sé si eso es bueno o es malo, Emilio. Soy de Sinatra. No soy mucho de bourbon o de alcoholes. Uno de vez en cuando si hay que celebrar algo. Lo que sí tengo claro es que soy de la buena vida. La mala la ponen en la tele todos los días. Acabo de ver al Rajoy decir las mentiras de siempre a velocidad de crucero. Un saludo, compañero.


A.

Juan M. Blasco dijo...

Qué cogorzas más buenas debieron pillar estos tipos. No bebo como para pillar ninguna, bebo con moderación, pero estaría dispuesto a pasarme con gente como esta a mi alrededor. Sinatra subido de grados tiene que ser un punto cantando New York New York. Digo como José Luis. Mi plan es el tuyo esta tarde. No va a ser bourbon, que no hay en casa, pero sí me voy a servir un gin tonic buenecito viendo a Nadal. Un saludo, maestro.

Miguel Cuadra dijo...

En una ocasión canté My way pasado de whisky junto a un amigo al que ya no puedo ver. Solo por recordarme aquello, te doy las gracias, Emilio.
El tiempo no perdona. La memoria, afortunadamente, sí. Abrazo desde el norte lejano.

Ramón Besonías Román dijo...

Al escuchar a Rajoy me acordé de ese mundo maravilloso de Armstrong, travestido de distopía orwelliana.

Bebamos, hemano perplejo.

Juan Herrezuelo dijo...

Querido Emilio: tan de Sinatra soy que el otro día me compré un sombrero muy suyo que no voy a ponerme en público (o sí, qué diablos). Con una botella de Jack Daniel’s tuve una experiencia demasiado íntima una tarde de desengaño, hace muchos, muchos años, y desde entonces le llamo Mr. John Daniel’s, pero con respeto, ¿eh?, no con familiaridad, como el Pacino de “Esencia de Mujer”; y al pensar en este bourbon oigo aquello que dijo de sí la pastora Marcela, en el Quijote: “Fuego apartado soy y espada puesta lejos”.
Y soy mucho de Dino, también, del Dino de “Kiss me Stupid”, por ejemplo, y del merluzón de “Río Bravo”, y del tipo que no se quitaba el stetson ni para dormir, en “Cómo un torrente”. Dean Martin, el tipo más divertido que ha pisado un escenario…
Gracias, amigo. Un fuerte abrazo.

alex dijo...

Yo también. También yo quise tener un amigo como Dino. El amigo perfecto que no se mete en tu vida sino para enrevesarla con los vapores etílicos. En un episodio de Los Simpson, Krusty el payaso se ve obligado a subastar sus posesiones. Entre ellas se encuentra el avión privado de Dino. Krusty le recuerda: una noche Dino y yo miramos por la ventanilla del avión y contemplamos la luna llena. La poesía del silencio, la bondad del instante que proporciona el bourbon. El documento que muestras es más valioso que cualquier tratado económico con el que se nos pretende engatusar. Muestra de camaradería, de amor al fin y al cabo...