3.5.12

Una pequeña zoología de la divinidad

En la cajita de fósforos La Aurora, en la caja cósmica de fósforos antológicos que se guarda en un cajón juntamente con la baraja de cartas, el trompo un poco cascado, los cromos del Atleti y un cómic de Carpanta, están las moscas azulonas y las moscas pardas, las que, en vuelo, son ala cabal, ala movida por un motor arcano, telúrico, místico. He aquí dentro de la cajita de fósforos La Aurora, la gran mosca del principio de los tiempos, la que, en la cajita, frota las alas, mira al demiurgo pasmado, al bobo dueño de la caja que arquea las cejas, mira con embeleso la caja, fascinado por la ejecución azarosa del vuelo dentro del cartoncillo gris, por el limitado espacio en el que todas esas criaturas danzan a ciegas, apurando la vida breve que la mecánica genética les deparó allá cuando se maquinó el cosmos y las moscas recibieron su cuota de privilegios en el festín primero. Y lo que oye es un ruido, un frotar obsceno de alas. Uno no sabe nunca las causas ni entiende los azares. No sabemos si estamos en una caja. Si alguien nos escucha, pero no nos ve o, bien al contrario, observa lo que hacemos, pero no lo oye, privado de ese sentido por alguna razón cósmica que ahora no alcanzamos a entender. No sabemos, en fin, si la caja es a lo único a lo que aspiramos o hay otras cajas a las que acceder cuando éste se canse del cobijo que nos da y nos oprima el pecho o nos robe el aire. De un modo u otro son las cajas las que gobiernan el modo que tenemos de pensar y en el que nos comportamos. Toda la gran religión del mundo es la extensión metafísica y literaria de ese misterio puro que es la caja. Si hay cientos de millones de pequeñas cajas marca La Aurora en el espacio insondable. Si un dios caprichoso y rudimentario concibió de esa forma tan cruel la creación de su criaturas o fue el azar o la suma de los muchos azares el que manuscribió arteramente la trama exacta. Tampoco entusiasma pensar que el Gran hacedor sea metódico, conciso, consciente de su obra y se obstine en censurar los juegos, los caprichos, toda esa voluntad amateur de hacer las cosas que a veces le asignamos. Ese martillo pilón instalado en los cielos es el peor de todos los dueños posibles. Nosotros, creados a su entera semejanza, miramos con perversa fruición el confín cerrado de la caja, comprendemos la liviandad de la existencia que nos ha sido concedida, aceptamos la bondad de una hipotética vida fuera de la caja. Sobre esa posibilidad el inquilino de la caja ha formulado credos y ha levantado templos, ha reclutado ejércitos y ha derribado ciudades. Nada sabemos certeramente. Se nos escapa las razones del cautiverio. Ignoramos la naturaleza del obrador. Solo hay caja y frotar de alas. Mi mosca metafísica, la ignorante. La mosca antológica, la invisible, confinada en la cajita de fósforos La Aurora, en la caja cósmica junto a la baraja de cartas, junto al trompo, los cromos, el cómic de Carpanta. Un mundo. Un lugar secreto. Una providencia de signos. Una pequeña zoología de la divinidad.

6 comentarios:

Manolo Delgado dijo...

Efectivamente, tal vez haya más cajas, contenidas unas dentro de otras como unas matriuskas infinitas. Borges lo cuenta usando círculos en lugar de cajas, pero es lo mismo. Cada caja está contenida en otra mayor, menos imperfecta. La última ha de ser completamente perfecta, y para ello ha de autocontenerse, lo que es imposible (Dios conoce el Universo pero no puede conocerse a sí mismo).
Duele, pero creo que efectivamente somos igual que moscas encerradas en una caja, escuchamos el eco del zumbido de nuestras alas contra las paredes de cartón y vislumbramos un mundo exterior, tenemos certeza de él, consciencia, pero nos resulta inaccesible e incognoscible.

María José Izquierdo dijo...

Lo que ha escrito Manolo Delgado me parece el colofón perfecto a tu escrito, como si se ensamblaran en un mismo texto. Lo que me gusta y mucho de esta página es la excelente nómina de comentaristas que tiene.
Yo soy la menos indicada para decir eso y yo no estoy lógicamente dentro de esa nómina, ya quisiiera. Me limito con mucho agrado a leer lo que tú escribes y a ver por dónde deriva en tus buenos lectores tu imaginación y tu buen hacer literario. Y ya no tengo nada más que decir. Primera y creo que última vez que me presento y opino. Yo he venido a leer, y encantada!!!!


posdata: un poquito de asco lo de las moscas, pero son metafísicas, no?

Martin Hervás dijo...

Si la caja es pequeña y el infierno grande, hay que descartar la mediación divina y edificar nuevos espacios para estirar las alas.

Saludos Emilio.

Julio Llamas Sanmartín dijo...

Es lamentable que se haga mofa de los asuntos de Dios bajo la llamada de la literatura o que se exhiba de una forma tan cínica el desapego por el respeto a las costumbres y a las más antiguas tradiciones cristianos, como son la vigilancia de la fe y el respeto a Dios. Sin más, saludos.

Joselu dijo...

Una vez escribí también sobre las moscas EL DOLOR. Es sorprendente pero este pequeño animal adquiere en el imaginario popular una entidad metafísica. Para mí al menos lo tiene y lo tuvo en mi infancia en que capturaba moscas y las congelaba. O cuando alimentaba a una gorda y antipática araña con moscas que yo le capturaba. Los niños de ahora viven acostumbrados a un mundo sin moscas o muchas menos que las que vimos nosotros en nuestra infancia, salvo que vivan en el campo. ¿Perderán algo de su dimensión metafísica?

Ramón Besonías Román dijo...

Solo hay caja y frotar de alas.

Existencialista te veo, my friend. La lucid tine el coste de elevarnos hacia estratos metafísicos, más aún ahora que la vida se ha vuelto tan profana.