4.4.12

Palimpsesto

A cierta edad uno vuelve al temblor primerizo de las fiestas de la adolescencia. Los bailes lentos. Janis Ian susurrando At seventeen. Minnie Ripperton como un pequeño colibrí diciendo que te ama. Peaches and Herb reunidos en un abrazo cósmico.  All night long. Here comes the sun. Congratulations. Fiestas a media luz. It's a little bit funny this feeling inside. Vasos largos y discos rotos. Promesas que parecen runas en el corazón.. La línea de flotación de la cordura. There's a sign on the wall but she wants to be sure. Tabaco y blues en una barra de bar mientras afuera, melindrosa, la noche no termina de escribir su rigurosa novela de azares y riesgos y pensamos, afectados por el exquisito vapor de los licores, que el mundo acaba en la voz de Muddy Waters y en el sabor dulzón y áspero del último trago de gin tonic.
Después: Me sobresalta la barba en el espejo. El cansancio en los ojos. El tráfago de los días me tiene desarmado. Estoy cansado de este vicio mío de pecar en las mismas obscenas cosas.  Que la vida iba en serio se descubre siempre tarde. Jaime Gil de Biedma acude en ocasiones a la conversación. Recuerdo entonces su cara de vividor de balneario, su vida milagrosa en Filipinas, ya se sabe, juventud, bendito tesoro, y versos. Es tarde para consagrar la vida a otra que no sea vivirla. Pero los días poseen su palimpsesto. Su caligrafía esmerada debajo de la caligrafía. Como un sueño dentro de un sueño. 

6 comentarios:

Mitra dijo...

La vida siempre viene a cobrar lo que le debemos, y puede tardar un poco, pero termina llegando. Lo bueno es que nos pille satisfechos, con todos los deberes hechitos y con ganas de que nos pongan más. Es joven el que tiene el cerebro en danza. Yo me explico. Y vale que una no sea muy lanzada, pero todo es cosa de ponerse, porque la vida no perdona y el tiempo se va, se va...



Admiro tu escritura profundamente.

Miguel Cobo dijo...

Suaves roces de piel, dedos que se deslizan por blusas entreabiertas...Y el crepitar monótono que deja la canción tras las últimas notas -¡ay, aquellos vinilos!- girando para siempre en la memoria joven y enamorada de aquel tiempo tan nuestro: Dulce ebriedsd del alma, borrascosa y proustiana.

Espléndido texto, mon ami .

Miguel Cobo dijo...

Fe de erratas: La ebriedad sucumbió a sus efectos. Esta vez ortográficos.

Isabel Huete dijo...

Carpe diem. El pasado se fue, fuera bello o no, y el futuro es un fantasma. El hoy es lo que importa. Recuerdos sí, los justos, pero sin añoranza ni nostalgia. El espejo sólo tiene interés si eres capaz de ver más allá de lo que te muestra.

Joselu dijo...

Es curioso, apenas he retornado a mi adolescencia como paisaje literario. Me ha atraído mucho más mi primera niñez, hasta los seis años, un territorio auténticamente salvaje, el único territorio salvaje de mi existencia. Fue extraordinariamente dolorosa pero me atrae magnéticamente y cuando he escrito he vuelto a ese tiempo mágico y terrible. Mi adolescencia fue gris, yo balilaba mal y no sabía hacérmelo con las chicas que preferían a los graciosos. Mis guateques de adolescencia me traen algunas canciones de los Beatles a los que descubrí entonces, justo cuando se habían separado, hacia 1969. Fue todo un descubrimiento. Creo que me quede en ellos y solo me despertó The dark side of the moon cuando probamos en una sesión nuestro primer porro. Pero ese era otro tiempo. Pronto llegaría Rayuela y comenzó mi otra vida.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

El carpe diem del que habla después Isabel, Mitra, contado por ti estupendamente. Un saludo.

Hay algo de ese Proust madalenístico, Miguel. De hecho al terminar pensé en él, curiosamente.
El tiempo no perdona, pero tampoco debe. Miramos atrás, miramos con muchos sentimientos. Todos se aceptan. El futuro es la puerta. Entrando. Qué te importa el infinito pasado si perdiste el infinito futuro? Eso preguntaba el bibliotecario del cosmos, mi amado JLB.

Ok, Isabel.
El futuro es que no está, pero pensamos sólo en él. Es el fantasma incómodo, el que nos guía, sin que esté. Es un verdadero coñazo el futuro.

Joselu, mi infancia fue fantástica, pero no salvaje. Nada hubo asalvajado en sus goznes.
El tiempo de la adolescencia y el que le sigue fue el que cuento. No fue gris, aunque tampoco un arcoiris. Hubo peleas conmigo mismo que saldé con disfrutes enormes. Descubrimientos de hijo único sin libros (no era la lectura ningunad e mis muchas devociones) y con mucha calle y mucho cine. Bebí cine, creo. Me sale todavía. Luego llegó kafka con sus migrañas, pero ésa es otra historia. Un abrazo grande, compañero.